
Pilar
Sanabria Cañete es una de esas poetas de una singularidad extrema porque ha
creado su propio mundo poético, su propia manera personal de concebir una
lírica muy diferente y por tanto distinta y original. Sanabria Cañete no imita
a nadie sino a ella misma. Su modo de concebir lo poético está en el lenguaje y
en la manera de sentir y ver el mundo y las emociones. Sus verbos, sus nombres,
sus adjetivos, sus complejas e insólitas metáforas son siempre las de una poeta
comprometida a la fidelidad de un estilo personalísimo. Al leer su poesía uno
sabe que está ante una escritora con unas características especialmente
impregnadas del marchamo de la calidad y de la originalidad.
Si
Alejandra Pizarnik era la poeta de la muerte hasta la extenuación, Pilar
Sanabria Cañete es la poeta de la sed hasta la extenuación en torno a la carne
y al deseo. Su experiencia vital la conecta a una lírica homoerótica, enigmática
y compleja, desgarradora, desconcertante y llena de gran tensión.
La
temática más frecuente de la autora gira en torno al deseo de amor que, por
mitificado, nunca llega con todo el esplendor al que aspira, y la sed, la sed
sedienta por lo carnal, la sed sedienta por el origen del mundo que tan
hermosamente retratara Courbet, y que siempre la deja con más sed. Y que ella
misma define como dúctil incisión de cenizas, hoguera, cauterio carnal de
fuego, grieta de agonía, hendidura, pozo de brocal tierno, horno de Venus,
herida supurada… Es su propia sed, su sed caliza, la disciplina de su sed
finalmente envolviéndose del manto literario que le procura su propia escritura
poética. Y es aquí donde yo hallo también un punto de encuentro con la poesía
cernudiana porque Sanabria está constantemente interrogándose, analizándose ese
estado de anhelo, y describiendo su erotismo que cabalga por las rutas del
conocimiento personal, de la desentrañalización de todo lo que le ocurre porque
quiere buscar la verdad de ella misma, su verdad final que la ahoga y de la que
necesita salir por las vías de la aclaración poética. A veces, leve, / se alza
un cuerpo de un sueño, / pensamos que encerramos / una misión verídica, / una
serenidad cierta, un auténtico halo / de osamenta líquida y de musgo. / A
veces, frágil, se alza un pecho / como coagulado en vídrio, / pensamos que
contenemos / una cierta calima, / la confirmada música / de esa luz que nos
corresponde. / A veces etérea, adentramos una mirada / de incipiente infinito /
y pensamos haber acariciado en llamas a toda la belleza. / Pero siempre el
secreto se hace barro / que la realidad sin sigilo / amaga la vida de
pronombres. /
Peaje
de intemperies es pues un libro de poemas que subraya el estado interior de la
poeta, un estado analítico sobre sus propias vivencias amorosas, un estado en
el que la consciencia toma conciencia del peaje que supone vivir bajo el yugo
de la carencia. Ahondando un poco más en este libro se percibe
con toda claridad la inestabilidad que le provoca tanto vacío, una
inestabilidad que se fragua en la imposibilidad de conseguir la armonía del
amor. En Diseminaciones, el primer texto de este poemario ya apunta a ese
derroche de generosidad en la entrega amorosa y que trae como resultado desear
la muerte. Me he repartido a pedazos / me he repartido entera / con hambres de
geografías humanas/ … /Aquí y allá dividida / en efímeros enseres / que la vida
dispone. / Aquí y allá partida / en realidades y tramoyas, / en parasitarias
rémoras. / Aquí y allá, / ¿cómo no amar / la acérrima dualidad de la muerte? / Y luego en otro poema habla del vacío, que
para ella es un hueco vivo donde se depositan las huellas. También poetiza
sobre su voz. Su voz de sed y de deseo: Y no puedo quedarme ciega / por la sed
de la voz, / quiero el ritmo / de su disfraz de espuma, / petrificarme en el
piso primero de sus ángeles, / encallar en el ritual de su abordaje, que me
penetre / su seminal luciérnaga por orar, / tan sólo por orar atravesada por su
ígnea conquista. /
La
palabra por sí misma cobra un alto sentido en la poesía de Pilar Sanabria. Cada
palabra de sus textos poéticos es un volcán, una bomba de relojería, una
hecatombe, un delirium in extremis. Sanabria Cañete sabe que el lenguaje le
asesina, pero es la única manera que tiene para darse cuenta de la realidad que
trae el deseo de su sed. Es el lenguaje, son las palabras por sí mismas las que
dan el tono en la poética de Pilar. Las palabras sacadas al arbitrio de una
emoción que quiere retorcer el sentido léxico del lenguaje. Son palabras
descendidas, arrastradas a los labios sedientos, son palabras que gritan con la
queja del dolor, palabras envueltas en el paroxismo de la inquietud y la
zozobra.
Me
golpean los verbos / en el desgarro de un ascua / decapitan las palabras esta
serenidad / con su guillotina de excesos. /
…. Y es que en el lenguaje /
hallo tu cráneo, / tu placenta, / tu olor esférico, / el tizón de tu lujuria /
y me escuece / este soborno de las letras, / este heraldo anunciando / el prostíbulo
de tu ortografía. /
En
definitiva, estamos ante una poeta cuya poética no nos deja indiferentes sino
que nos hace reflexionar sobre el sentido que tiene la vida, el sentido que
tiene vivir, el sentido que tienen las palabras. Así pues podríamos escoger
versos y estrofas de este libro para darnos cuenta de la belleza con la que
viste el escenario de este Peaje de intemperies y comprobar que estos aspectos
engrandecen el libro desde muchos puntos de vista como la asunción de un
lenguaje acertadísimo en imágenes, metáforas y estética y en el acierto de la
construcción de las ideas poéticas surgidas de cada texto. Del poema “Alguien
espera” dice: Alguien extirpa / el cristal de una caricia / en el hedor ardiente / de
una casa desvelada / de un insomnio de carcoma. …. A veces, etérea, /
adentramos una mirada / de incipiente infinito y pensamos / haber acariciado en
llamas a toda la belleza,/ …… Pero siempre el secreto se hace barro/. Como
vemos se mezclan las sensaciones del
deseo soñador con la más cruda realidad, con el más crudo vacío que
provoca la espera. La propia poeta reconoce que vive una ilusión, un sueño vano
cuando en el poema Cometa se lee: vivo todos los días / dentro de un vuelo./ Y
nado el aire. Una hermosa manera de poetizar los sueños, la fantasía de lo
que creemos. En el poema Sabedme se corrobora la predicación del poemario en lo
que tiene que ver con el desengaño del amor. Y sentencia: Estoy entregada al esqueleto de una brasa……sabedme costumbre de pozo /
destino de cieno./ …..Sabedme con la boca punzada, / sin deseo, / ….. Sabedme
araña de Tánatos sin el alumbramiento / azul intenso / del dios ilimitado de su
vientre. O por ejemplo en el poema metapoético titulado Debe estar el poema
escribe: Me inflamo en una cárcel de
sangre / ……. goteo desde el grito de la infancia / ……..en mí han crecido aves
de escombro / y huéspedes de escarcha. Es para mí una satisfacción ir
desgranando estas estrofas, estos versos sueltos de Pilar Sanabria porque
encuentro en ellos un enfoque completamente original que no he visto en la
poesía española. En el poema Conjuro expone la pétrea existencia que la rodea. Me conjuro en el foso de un vientre / con
unas caderas ciegas, / con la concordia de unos pliegues, para preguntarme, /
qué castigo, / qué iracundia carcelaria / pondrá en mis horizontes la
indigencia nudosa de la muerte. / En el poema Insomnio llama la atención la
expresión, la definición de la soledad de dos seres, y la identificación con el
dolor y el vacío en el que viven: Me
hablas del hígado estepario de la soledad, / de que en mitad de la noche te
sorprende / la osamenta crujiente de un beso / sobre un búho licántropo de
nicotina. / Seguramente también yo estoy despierta / yendo de camino a tus
cicatrices. En el poema No puede crecer la música, que es como decir no
puede crecer el amor, y suena a la tristeza de un blues muriendo en la
madrugada. No puede crecer la música / en
los gramos cínicos de esta noche,/ en las blasfemias de los chóferes que llevan
la luna en los bolsillos……No puede crecer la música en el erotismo púrpura de
los desperdicios./
Encuentro
esta belleza total en tres de los poemas del libro de nuestra poeta.
Concretamente en Un lenguaje que asesina, en Ágape y en Dependencia. Son tres
poemas que dan el máximo en este poemario y que son el emblema de este Peaje de
intemperies, la espina dorsal de la poética de Pilar Sanabria, y un ejemplo de
la más certera y acertada manera de cómo construye sus mejores textos poéticos.
La segunda y tercera parte Los sentidos y Los elementos
son el envés de la moneda. Es el lado luminoso en contraposición a las sombras
de los primeros poemas del libro. Estos dos últimos apartados son más un bálsamo
en comparación con el infierno y el dolor de los primeros poemas. Como digo en
Los sentidos hay una ausencia de dolor, y están en la línea erótica y sensual
inconfundible de la manera de poetizar de Pilar Sanabria, son poemas que van a
la búsqueda del conocimiento metalingüístico y de la experiencia y nos muestran
la calidez de las vivencias que van a la poesía a través de la vista, el oído,
el olfato, el gusto y el tacto, para dejar constancia del bienestar que supone
vivir en la plenitud o en la aspiración de la plenitud. Tienen el brillo de una
poética empeñada en resaltar la luz de lo carnal, la luz total de los sentidos.
Y
luego, Los elementos, que es el último apartado del libro y que entronca con la
tradición filosófica hasta el Renacimiento, considerando Tales de Mileto al
agua como el origen de la vida. Anaxímenes que consideraba que era el aire.
Heráclito que el fuego, y Jenofonte era la tierra. En estos poemas Pilar bucea,
juega el juego de la transpolación para acercarse a través de los cuatro
elementos al amor y al deseo y establecer una relación estética con las
sugerencias primigenias que proporcionan los poderosos elementos agua, aire,
tierra y fuego.
Para
acabar decir que estamos ante una poeta con una trayectoria poética encomiable
a la que hay que agradecer su entrega y que siga fiel a la escritura y a la
verdad poética, su propia verdad, que al final es la verdad de todos los
individuos que comprenden a otros individuos. Así que solo me queda reivindicar
para ella el podium que le corresponde como poeta y amante de la poesía por su
entrega y merecimientos.
Les dejamos con un poema.
UN LENGUAJE QUE ASESINA
Me golpean los verbos
en el desgarro de un ascua,
decapitan las palabras
esta serenidad
con su guillotina de excesos.
Y es que en el lenguaje
hallo tu cráneo,
tu placenta,
tu olor esférico,
el tizón de tu lujuria
y me escuece
este soborno de las letras,
este heraldo anunciando
el prostíbulo de tu ortografía.
No me basta
con nombrar tu cuerpo,
con descomponerlo en una frase.
Por encima de esos adjetivos
que me humillan
siempre se levanta
el vocablo más antiguo
de tu ausencia,
la rosa más espesa
que eyacula en su metáfora,
la herida más extensa
de mi idioma.
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