miércoles, 13 de noviembre de 2013

Peaje de intemperies, de Pilar Sanabria

 
El pasado lunes se presentó en en la Delegación Provincial de Cultura el libro de Pilar Sanabria titulado Peaje de intemperies, publicado por ediciones depapel dentro del ciclo Letras Capitales que organiza el Centro Andaluz de las Letras. La presentación corrió a cargo de Fernando Sánchez Mayo. A continuación les dejamos con las palabras dedicadas a esta hermosa obra poética.
La poesía es esa vasta región donde los poetas construyen su mundo propio, el mundo particular que ellos ven y viven. Así pues una de las diferencias entre unos poetas y otros reside precisamente en el modo de concebir su mundo poético, es decir, el mundo que ven y experimentan. Y a mayor diferencia, mayor originalidad.
Pilar Sanabria Cañete es una de esas poetas de una singularidad extrema porque ha creado su propio mundo poético, su propia manera personal de concebir una lírica muy diferente y por tanto distinta y original. Sanabria Cañete no imita a nadie sino a ella misma. Su modo de concebir lo poético está en el lenguaje y en la manera de sentir y ver el mundo y las emociones. Sus verbos, sus nombres, sus adjetivos, sus complejas e insólitas metáforas son siempre las de una poeta comprometida a la fidelidad de un estilo personalísimo. Al leer su poesía uno sabe que está ante una escritora con unas características especialmente impregnadas del marchamo de la calidad y de la originalidad.
Si Alejandra Pizarnik era la poeta de la muerte hasta la extenuación, Pilar Sanabria Cañete es la poeta de la sed hasta la extenuación en torno a la carne y al deseo. Su experiencia vital la conecta a una lírica homoerótica, enigmática y compleja, desgarradora, desconcertante y llena de gran tensión.
La temática más frecuente de la autora gira en torno al deseo de amor que, por mitificado, nunca llega con todo el esplendor al que aspira, y la sed, la sed sedienta por lo carnal, la sed sedienta por el origen del mundo que tan hermosamente retratara Courbet, y que siempre la deja con más sed. Y que ella misma define como dúctil incisión de cenizas, hoguera, cauterio carnal de fuego, grieta de agonía, hendidura, pozo de brocal tierno, horno de Venus, herida supurada… Es su propia sed, su sed caliza, la disciplina de su sed finalmente envolviéndose del manto literario que le procura su propia escritura poética. Y es aquí donde yo hallo también un punto de encuentro con la poesía cernudiana porque Sanabria está constantemente interrogándose, analizándose ese estado de anhelo, y describiendo su erotismo que cabalga por las rutas del conocimiento personal, de la desentrañalización de todo lo que le ocurre porque quiere buscar la verdad de ella misma, su verdad final que la ahoga y de la que necesita salir por las vías de la aclaración poética. A veces, leve, / se alza un cuerpo de un sueño, / pensamos que encerramos / una misión verídica, / una serenidad cierta, un auténtico halo / de osamenta líquida y de musgo. / A veces, frágil, se alza un pecho / como coagulado en vídrio, / pensamos que contenemos / una cierta calima, / la confirmada música / de esa luz que nos corresponde. / A veces etérea, adentramos una mirada / de incipiente infinito / y pensamos haber acariciado en llamas a toda la belleza. / Pero siempre el secreto se hace barro / que la realidad sin sigilo / amaga la vida de pronombres. /
Peaje de intemperies es pues un libro de poemas que subraya el estado interior de la poeta, un estado analítico sobre sus propias vivencias amorosas, un estado en el que la consciencia toma conciencia del peaje que supone vivir bajo el yugo de la carencia.   Ahondando un poco más en este libro se percibe con toda claridad la inestabilidad que le provoca tanto vacío, una inestabilidad que se fragua en la imposibilidad de conseguir la armonía del amor. En Diseminaciones, el primer texto de este poemario ya apunta a ese derroche de generosidad en la entrega amorosa y que trae como resultado desear la muerte. Me he repartido a pedazos / me he repartido entera / con hambres de geografías humanas/ … /Aquí y allá dividida / en efímeros enseres / que la vida dispone. / Aquí y allá partida / en realidades y tramoyas, / en parasitarias rémoras. / Aquí y allá, / ¿cómo no amar / la acérrima dualidad de la muerte? /  Y luego en otro poema habla del vacío, que para ella es un hueco vivo donde se depositan las huellas. También poetiza sobre su voz. Su voz de sed y de deseo: Y no puedo quedarme ciega / por la sed de la voz, / quiero el ritmo / de su disfraz de espuma, / petrificarme en el piso primero de sus ángeles, / encallar en el ritual de su abordaje, que me penetre / su seminal luciérnaga por orar, / tan sólo por orar atravesada por su ígnea conquista. /
La palabra por sí misma cobra un alto sentido en la poesía de Pilar Sanabria. Cada palabra de sus textos poéticos es un volcán, una bomba de relojería, una hecatombe, un delirium in extremis. Sanabria Cañete sabe que el lenguaje le asesina, pero es la única manera que tiene para darse cuenta de la realidad que trae el deseo de su sed. Es el lenguaje, son las palabras por sí mismas las que dan el tono en la poética de Pilar. Las palabras sacadas al arbitrio de una emoción que quiere retorcer el sentido léxico del lenguaje. Son palabras descendidas, arrastradas a los labios sedientos, son palabras que gritan con la queja del dolor, palabras envueltas en el paroxismo de la inquietud y la zozobra.
Me golpean los verbos / en el desgarro de un ascua / decapitan las palabras esta serenidad / con su guillotina de excesos. /  ….  Y es que en el lenguaje / hallo tu cráneo, / tu placenta, / tu olor esférico, / el tizón de tu lujuria / y me escuece / este soborno de las letras, / este heraldo anunciando / el prostíbulo de tu ortografía. /
En definitiva, estamos ante una poeta cuya poética no nos deja indiferentes sino que nos hace reflexionar sobre el sentido que tiene la vida, el sentido que tiene vivir, el sentido que tienen las palabras. Así pues podríamos escoger versos y estrofas de este libro para darnos cuenta de la belleza con la que viste el escenario de este Peaje de intemperies y comprobar que estos aspectos engrandecen el libro desde muchos puntos de vista como la asunción de un lenguaje acertadísimo en imágenes, metáforas y estética y en el acierto de la construcción de las ideas poéticas surgidas de cada texto. Del poema “Alguien espera” dice:  Alguien extirpa / el cristal de una caricia / en el hedor ardiente / de una casa desvelada / de un insomnio de carcoma. …. A veces, etérea, / adentramos una mirada / de incipiente infinito y pensamos / haber acariciado en llamas a toda la belleza,/  …… Pero siempre el secreto se hace barro/. Como vemos se mezclan las sensaciones del  deseo soñador con la más cruda realidad, con el más crudo vacío que provoca la espera. La propia poeta reconoce que vive una ilusión, un sueño vano cuando en el poema Cometa se lee:  vivo todos los días / dentro de un vuelo./ Y nado el aire. Una hermosa manera de poetizar los sueños, la fantasía de lo que creemos. En el poema Sabedme se corrobora la predicación del poemario en lo que tiene que ver con el desengaño del amor. Y sentencia: Estoy entregada al esqueleto de una brasa……sabedme costumbre de pozo / destino de cieno./ …..Sabedme con la boca punzada, / sin deseo, / ….. Sabedme araña de Tánatos sin el alumbramiento / azul intenso / del dios ilimitado de su vientre. O por ejemplo en el poema metapoético titulado Debe estar el poema escribe: Me inflamo en una cárcel de sangre / ……. goteo desde el grito de la infancia / ……..en mí han crecido aves de escombro / y huéspedes de escarcha. Es para mí una satisfacción ir desgranando estas estrofas, estos versos sueltos de Pilar Sanabria porque encuentro en ellos un enfoque completamente original que no he visto en la poesía española. En el poema Conjuro expone la pétrea existencia que la rodea. Me conjuro en el foso de un vientre / con unas caderas ciegas, / con la concordia de unos pliegues, para preguntarme, / qué castigo, / qué iracundia carcelaria / pondrá en mis horizontes la indigencia nudosa de la muerte. /   En el poema Insomnio llama la atención la expresión, la definición de la soledad de dos seres, y la identificación con el dolor y el vacío en el que viven: Me hablas del hígado estepario de la soledad, / de que en mitad de la noche te sorprende / la osamenta crujiente de un beso / sobre un búho licántropo de nicotina. / Seguramente también yo estoy despierta / yendo de camino a tus cicatrices. En el poema No puede crecer la música, que es como decir no puede crecer el amor, y suena a la tristeza de un blues muriendo en la madrugada. No puede crecer la música / en los gramos cínicos de esta noche,/ en las blasfemias de los chóferes que llevan la luna en los bolsillos……No puede crecer la música en el erotismo púrpura de los desperdicios./  
Encuentro esta belleza total en tres de los poemas del libro de nuestra poeta. Concretamente en Un lenguaje que asesina, en Ágape y en Dependencia. Son tres poemas que dan el máximo en este poemario y que son el emblema de este Peaje de intemperies, la espina dorsal de la poética de Pilar Sanabria, y un ejemplo de la más certera y acertada manera de cómo construye sus mejores textos poéticos.
La segunda y tercera parte Los sentidos y Los elementos son el envés de la moneda. Es el lado luminoso en contraposición a las sombras de los primeros poemas del libro. Estos dos últimos apartados son más un bálsamo en comparación con el infierno y el dolor de los primeros poemas. Como digo en Los sentidos hay una ausencia de dolor, y están en la línea erótica y sensual inconfundible de la manera de poetizar de Pilar Sanabria, son poemas que van a la búsqueda del conocimiento metalingüístico y de la experiencia y nos muestran la calidez de las vivencias que van a la poesía a través de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, para dejar constancia del bienestar que supone vivir en la plenitud o en la aspiración de la plenitud. Tienen el brillo de una poética empeñada en resaltar la luz de lo carnal, la luz total de los sentidos.
Y luego, Los elementos, que es el último apartado del libro y que entronca con la tradición filosófica hasta el Renacimiento, considerando Tales de Mileto al agua como el origen de la vida. Anaxímenes que consideraba que era el aire. Heráclito que el fuego, y Jenofonte era la tierra. En estos poemas Pilar bucea, juega el juego de la transpolación para acercarse a través de los cuatro elementos al amor y al deseo y establecer una relación estética con las sugerencias primigenias que proporcionan los poderosos elementos agua, aire, tierra y fuego.   
Para acabar decir que estamos ante una poeta con una trayectoria poética encomiable a la que hay que agradecer su entrega y que siga fiel a la escritura y a la verdad poética, su propia verdad, que al final es la verdad de todos los individuos que comprenden a otros individuos. Así que solo me queda reivindicar para ella el podium que le corresponde como poeta y amante de la poesía por su entrega y merecimientos.
 
Les dejamos con un poema.

 

UN LENGUAJE QUE ASESINA

Me golpean los verbos

en el desgarro de un ascua,

decapitan las palabras

esta serenidad

con su guillotina de excesos.

Y es que en el lenguaje

hallo tu cráneo,

tu placenta,

tu olor esférico,

el tizón de tu lujuria

y me escuece

este soborno de las letras,

este heraldo anunciando

el prostíbulo de tu ortografía.

No me basta

con nombrar tu cuerpo,

con descomponerlo en una frase.

Por encima de esos adjetivos

que me humillan

siempre se levanta

el vocablo más antiguo

de tu ausencia,

la rosa más espesa

que eyacula en su metáfora,

la herida más extensa

de mi idioma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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