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jueves, 19 de septiembre de 2013

Aprendiz, de Antonio Luis Ginés



Aprendiz, es el nuevo poemario del poeta Antonio Luis Ginés publicado por la editorial La isla de Siltolá. Como en cada una de sus entregas Antonio Luis hace un ejercicio de singularidad y nos regala un poemario arriesgado, diferente, personalísimo, decantado hacia la homogeneización temática que avanza y profundiza en una historia o idea central para contarnos la poetización de una pérdida; la del padre, en comparación metafórica con un regalo, un hallazgo, una nueva vida; la de su hija. Padre e hija son el eje central del libro en donde hay versos que nos muestran claramente ese pasar del tiempo que hace al poeta madurar y aprender, ser el aprendiz de la vida y de sus emociones. Y todo gracias a un ejercicio de interiorización, de búsqueda. Uno tiene la sensación de sentir al poeta sumergido en un monólogo interior, el monólogo interior del recuerdo y la reafirmación de sí mismo. El libro está lleno de huellas, evocaciones e imágenes que pueden conmover al lector y hacerle sentir el dolor y la tristeza, una tristeza que nos lleva hasta la pesadumbre de vivir el recuerdo tan cerca, tan a flor de piel. El principio del libro ya se abre con una cita de Roberto Juarroz que dice: "Pero toda pérdida es el pretexto de un hallazgo". Cita que nos adentra, nos introduce, nos abre las puertas del originalísimo texto poético para anticiparnos lo que luego vamos a encontrar: el pasado representado por el padre, y el futuro representado por la hija. Pérdida y hallazgo. Fin de una etapa y comienzo de otra, que incluso casualmente llega tambíén con la mudanza, un cambio de domicilio.
Antonio Luis Ginés alcanza con este nuevo poemario una dimensión mayor como poeta que sabe vivir y contar la poesía a través de una visión muy personal de sensaciones nuevas y fuera de los tópicos a los que nos encontramos en el mundo literario poético. La poesía de Antonio Luis Ginés goza aquí de un estilo que no hace sino engrandecer al poeta que ha sabido encontrar una manera muy particular de expresar su poética.

Les dejamos con un par de poemas

PAPEL

Las paredes cubiertas de papel de colores.
Metros y metros, el olor a cola,
las tiras completamente preparadas,
las manos de mi padre y mi madre
ajustando cada trozo sobre la pared,
evitando la más mínima arruga.
El sonido de sus dedos sobre la suave
superficie, el telón
de fondo de mis noches; después,
la espera y el papel seco, el olor huyendo
por la ventana, por debajo de la puerta.
Las flores naranja,
las manos que quizás se rozaron.

Todo sucedía ya, el nudo
se fue soltando en silencio,
y las manos se separaron para siempre.
Luego el papel envejeció,
se levantó de la pared.
Vuelve aquel sonido, ahora
cuando decoro la habitación de mi hija
con papel de colores,
y la piel, no tan suave,
devuelve el sonido de los años.


¿ACASO NOSOTROS?

Tras los dibujos de mi hija, de trazo
incierto, escribo este poema.
Observo sus garabatos.
Tratan de definir una casa, una puerta,
unas ventanas, y un par de figuras
jugando afuera.
recorro cada línea, cada silueta
inacabada. ¿Quiénes son?
Apenas reconozco esas formas.
Lo que mi hija quiere dibujar
está ahí. Quisiera hacerlo mejor,
dejarlo todo más claro
pero la casa, las figuras,
tienen su propia versión de las cosas.
No parecen contar con nuestro asombro
para cambiar de vida.

lunes, 9 de abril de 2012

Celador, de Antonio Luis Ginés

El poeta Antonio Luis Ginés ha publicado hace pocas semanas Celador, un libro de poemas que nos adentra en el mundo de los hospitales, las enfermedades y el dolor. Un título sugerente para un poemario original y novedoso. Antonio Luis es uno de esos poetas que arriesga cuando escribe, y arriesga porque tiene claro que la escritura debe ser innovación, diferencia y búsqueda de nuevos conceptos de interpretación de la realidad. El libro está publicado en la colección Manantial del Excmo. Ayuntamiento de Priego de Córdoba y coordinado por Mari Cruz Garrido.

El poemario comienza con una cita de Mark Strand: “Donde quiera que esté / soy aquello que falta. Verdaderamente toda una declaración de intenciones de lo que va a ser el poemario. Antonio Luis es el poeta celador que vigila y observa todo el mundo hospitalario en donde se desarrolla un trabajo eventual que conecta al poeta con todo el entramado de la enfermedad y del fin de la vida. Allí el poeta experimenta el miedo, el misterio, la muerte que huele por todos los recovecos y todas las esquinas. Y es allí donde toma conciencia de esos aspectos que tienen que ver con los derechos de los enfermos como por ejemplo el derecho a decidir sobre su propia muerte, es decir la eutanasia. Y es allí donde comprende la dura realidad a la que estamos abocados los seres humanos justo al momento ya del fin de la vida; una actitud de comprensión con esas personas que viven atadas a una máquina o atadas a esperar la muerte en un padecimiento que apena. El libro está escrito desde una posición clara de darnos a conocer y de sensibilizar al lector de una realidad que nunca antes se había tratado en el género poético. El poemario, los poemas, llevan implícita una sensibilidad especial porque nos muestran la comprensión del poeta ante el dolor, ante la triste realidad de los pacientes que sufren una situación de descompensación con el resto de la humanidad. El estilo del libro también pone en jaque a los estilos clásicos y académicos porque está todo expresado en un lenguaje coloquial que recuerda a la antipoesía de Nicanor Parra.

En definitiva, estamos ante un poemario que no debería pasar inadvertido por aquellos que buscan algo nuevo hecho con calidad.

Les dejamos a continuación con un poema.



UCI


En la UCI no hay mucho movimiento,
sólo alguna queja profunda, algún lamento,
el sonido de las máquinas.
Un chico que aparenta dieciocho
se debate entre la vida y la muerte.
La cabeza rapada y pircings por su dorso
medio desnudo.
Los ojos idos, no dicen nada,
no responde, cada equis horas,
días, empieza a golpear
todo lo que se mueve alrededor.
Las pastillas, susurra un enfermero
mientras el joven médico vuelve la espalda
como no queriendo mirar.
Pronóstico reservado,
puede que jamás consiga hacer las cosas de siempre.
La tensión crece
cuando la madre viene a visitarlo.
Dice el auxiliar que se corta el aire
con el papel de fumar. La madre le habla,
con el papel de fumar. La madre le habla,

lo intenta durante los primeros
diez minutos, pero no obtiene ninguna
respuesta. Luego las lágrimas
veloces por sus mejillas,
le ahoga la voz y ya no dice nada
hasta que se va por la puerta de la UCI.
Entonces, rota y cansada de la vida repite.
Si solo tiene diecisiete años,
solo diecisiete.



 

 

martes, 22 de marzo de 2011

Entrevista a Antonio Luis Ginés

FSM.- Antonio Luis, te diste a conocer como poeta en los años 90 y también has cultivado la narrativa en la Asociación Cultural Mucho Cuento. Además, trabajas como gestor cultural y Crítico literario. ¿Qué te ha reportado todo esto en este tiempo de contacto con el mundo de la literatura?

ALG.- Muchas y variadas experiencias, aunque hablamos de ámbitos distintos. En el trato personal con los autores ves donde está la autenticidad, la trastienda, pero ojo, hay que separar el plano creativo del personal. Con la A. Mucho Cuento pues decirte que es toda una experiencia, que sigue en crecimiento, y que ni mucho menos es un proyecto con visos de extinguirse, todo lo contrario. Con las últimas incorporaciones hemos ido a más, y abierto otros frentes que, de alguna manera, se nos demandaba. Todas las experiencias, en un plano u otro, te ayudan a madurar, y a sacar, siempre, algo positivo.

FSM.- ¿Cómo fueron tus comienzos en la poesía?

ALG.- Inciertos, no sabía bien lo que estaba pasando. Tenía necesidad de expresarme en el papel y fue dejándome llevar primero, investigando después. Es vital que en esos momentos de la travesía haya alguien que te dé ánimos, que valore de forma positiva lo que haces, aunque haya mucho trabajo por delante y tampoco se pierda esa perspectiva, ya que es la única forma de crecer y seguir avanzando en este proceso de lo creativo.

FSM.- ¿Crees que ha evolucionado tu manera de escribir poesía desde que empezaste hasta el momento actual?

ALG.- Sí. Creo que quedarse estático en poesía es renunciar a la indagación, al trabajo por otras líneas que conllevan cierto riesgo, pero que son la única posibilidad de avanzar, de no dejar tu poesía como un reducto anquilosado. Y hasta ahora no he sabido detenerme.

FSM.- Eres un excelente crítico literario que sabe ver el fondo y la forma de un poemario. ¿Qué requisitos crees que debe reunir un buen libro de poemas?

ALG.- No creo que sea para tanto, sin duda exageras, aunque te lo agradezco. Intento hacerlo lo mejor posible, unas veces aciertas más, otras menos, eso sí, detrás hay un trabajo que muchas veces no se aprecia. En la crítica, como en otros campos, uno no deja de aprender. En cuanto a los requisitos es una cuestión muy personal. Valoro la originalidad, el riesgo y el trabajo que se ha puesto en cuidar en cuidar ambas apuestas. Cuando se dice “correr riesgos” se puede entender mal, en el sentido de que toda la experimentación es válida, sin una reflexión teórica a priori, y ello puede dar lugar a resultados con poco peso.

FSM.- ¿Y un poema? ¿Cómo sabemos que estamos ante un buen poema?

ALG.- Hay muchos parámetros, vale hasta el de la intuición, pero un poema ha de tener –y aquí parece que voy a dar los ingredientes de un plato- un poco de todo, lo que importa es que esté equilibrado, que funcione como un todo. Escribir un buen verso no es excesivamente complicado, pero mantener esa línea durante todo un poema es lo auténticamente meritorio.

FSM.- Antonio Luis, ¿Qué poetas han dejado una influencia en tu poesía o qué poetas, por decirlo de otra manera, son los que más te gustan?

ALG.- Me sorprendí con Pessoa, Baudelaire y Carver. Crecí con Vallejo, Auden y Cernuda. Y me sigo deslumbrando con Wislawa Szymborska, Mark Strand, Joaquín O`Giannuzi, Charles Wright, C.K Willians, y así podría seguir con un largo etcétera.

FSM.- Me gusta mucho pedir a los poetas que me den una definición de lo que es para ellos la poesía. ¿Podrías definírmela?

ALG.- Esta es la pregunta más complicada, Fernando. Esto no se le hace a un autor. ¿Poesía? Todo aquello que es o puede generar una sacudida que produzca una reflexión o un momento de belleza, o ambos a un tiempo, y que acaban por tomar forma en un papel u otro formato.

FSM.- De tus libros de poemas ¿con cuál te identificas más y por qué?

ALG.- Es difícil, cada uno representa un momento concreto. Es cierto que Animales perdidos supuso un giro importante, y que a partir de ahí me he hallado más cómodo. Los libros de antes cumplen también su función, Rutas exteriores me ayudó a otear el terreno en el que tenía que moverme con más solvencia y decisión. Y Picados suaves sobre el agua creo que es lo más maduro que he escrito, pero ojo, curiosamente lo más arriesgado también. Con la edad voy para peor: no dejo que cualquier cosa me convenza y trato de emplearme más a fondo todavía.

FSM.- Has publicado también narrativa, ¿dónde te encuentras más cómodo en la prosa o en la poesía?

ALG.- Son planos distintos, en ambos estoy cómodo. Aunque el origen viene del verso, he tendido desde muy pronto hacia lo prosaico. A pesar de la teoría, me muevo por rachas, y depende de lo que esa racha me pida me decanto hacia un lado u otro, aunque intento que convivan –no es imposible ni complicado, dependiendo del momento- ambas vertientes creativas.

FSM.- Tú conoces muy bien el panorama poético local gracias a que vives aquí en Córdoba, y además coordinas el ciclo de Letras Capitales en la Delegación Provincial de Cultura que te pone en contacto con la poesía nacional de grandes poetas consagrados ya en su mayoría. ¿Cómo ves la poesía que se hace en este momento en España y cómo ves la poesía que se hace en nuestra ciudad de Córdoba?

ALG.- En la poesía nacional hay de todo, bien es verdad que hay momentos que se echan de menos apuestas algo más arriesgadas –en cuanto a contenido o a forma- por parte de las editoriales más potentes, sin embargo no está mal nutrido el panorama de propuestas interesantes, a veces demasiado unidireccionales en cuanto a línea poéticas. Quizás, y en parte, esto es aplicable a esta ciudad, aunque el nivel aquí mantiene –generalmente- unas cotas muy altas, y también se echa de menos un poquito de más riesgo.

FSM.- Algunos libros relevantes de poemas tuyos como Rutas exteriores que fue premio Mariano Roldán o Picados sobre el agua, han tenido una buena acogida. Por favor, ¿podrías dejarnos aquí algún poema para los lectores de Paraninfo Poético y decirnos por qué nos has regalado este poema? Muchas gracias por tu generosidad.


PIEDRAS


Cómo sabemos si querer estar en un lugar es querer estar allí realmente, y no para echar otro de menos. Cómo sabemos si el movimiento se decide antes de ejecutarlo, si nos llevará adonde los músculos se entregan al placer de la inercia y no conocen el cansancio. Cómo sabemos si a cada última pregunta no seguirá la duda nueva que nace, mientras ponemos estas piedras con las manos.


Picados suaves sobre el agua, Bartleby, Madrid, 2009.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Poemas para un instante, de Fernando Sánchez Mayo

Fernando Sánchez Mayo ha publicado Poemas para un instante (100 haikus para entretenerse) publicado por Ediciones Depapel. La presentación corrió a cargo de Antonio Luis Ginés, crítico literario de Cuadernos del Sur en el diario de Córdoba. El acto se celebró en el salón de actos de la Delegación Provincial de Cultura de Córdoba y fue amenizado por el grupo de flautas Jácara.

Poemas para un instante está editado en un librito casi de bolsillo, pero hecho con un gran gusto y es como un tesoro de la editorial. Pertenece a la colección Minúscula. Y todo esto hay que agradecérselo a Manuel Patiño, editor.

Por otra parte, y en cuanto al contenido, Antonio luis Ginés comentó que los 100 haikus de Fernando Sánchez Mayo no son 100 haikus para entretenerse sino que son algo más.

Desde aquí agradecer a todos su presencia y os dejo con el haiku con el que comienza el libro:


Corre caballo

por las arduas colinas

del pensamiento.