martes, 23 de abril de 2013

Entrevista a Antonio Rodríguez Jiménez


FSM:- Antonio, ¿recuerdas cómo fueron tus primeros contactos con la escritura poética?

ARJ.- Conocí a una profesora durante el Bachillerato que se llamaba Magdalena Megino –creo que era de Valladolid--  y me transmitió su amor por la lectura y por los libros de poesía. Comencé a leer con tal avidez que al poco tiempo se creó en mí la necesidad de expresar por escrito mis sentimientos, mis deseos, mis inquietudes. Otros profesores del Instituto captaron esa capacidad literaria que estaba naciendo en mí y me abrieron el camino. Recuerdo especialmente a Mercedes de la Haba, que me enseñó en francés a los mejores poetas galos, y al profesor Manuel Gracia que, a través de los fundamentos de la Filosofía, me hizo comprender a locos divinos como Descartes, Platón o Kant. Hasta aquí los orígenes. Luego pasaron los primeros años en la Universidad donde me tomé en serio el asunto. A finales de los setenta publiqué una plaquette y en el ochenta mi primer libro, “Vértigo de la infancia”. Desde entonces no he parado.

FSM.- Hace poco tiempo que la editorial Alhulia publicó tu obra poética completa, La llave de los sueños  1979-2012, ¿Qué se siente al reunir en algo más de 30 años de toda una actividad creadora el trabajo poético publicado en un solo libro?

ARJ.- El volumen iba a editarse en 2009 con motivo del 30 aniversario de mi primera publicación poética. Pero luego se fue retrasando, e incluso el estudio introductorio de José Lupiáñez está datado en 2009. Iba a salir con otro editor, pero llegó la crisis y no pudo ser. Posteriormente se interesó Alhulia, que ya me habían publicado dos libros anteriormente, y hace unos meses se encargaron ellos de todo.  Y así ha surgido este libro. En cuanto al sentir, es importante barajar la posibilidad de tener en un volumen toda la poesía publicada en más de tres décadas. Algunos de esos 13 libros están perdidos y es imposible encontrarlos en las librerías. Y ahora tienes acceso a ellos con un estudio introductorio que orienta y acerca bastante la creación poética al lector. Da las claves, enmarca todo en su momento histórico y literario y facilita las pistas básicas al lector. Esto se completa con una bibliografía precisa tanto mía como de artículos esenciales publicados sobre mi poesía y una cronología también muy útil para orientar al lector. Y es más importante aún para una persona como yo que ha estado inmersa en otras actividades, pues me he dedicado esencialmente al periodismo y a la gestión cultural y eso lo alternaba en los momentos que le quitaba a mis noches de sueño y a las vacaciones con el resto de mi actividad creativa como narrador, como antólogo o como editor.

FSM.- Has conseguido numerosos premios literarios y reconocimientos, pero en tu opinión con qué poemarios te sientes más satisfecho y por qué.

ARJ.- Mi libro más redondo y más reconocido por la crítica es Los demonios de Vyserhad (1999). Lo escribí y se lo mandé a mi amigo Juan Campos Reina. Él me hizo muchas sugerencias y muchas de ellas las seguí al pie de la letra y el libro quedó mucho mejor. Es un poemario contenido y desbordante a la vez. Tuvo muy buena acogida tanto a nivel crítico como de traducciones. Otro libro clave fue en la primera etapa El sueño de los cuerpos (1982) y una década después Un verano de los 80 (1991). En una etapa más reciente yo destacaría Sonidos metálicos al sur de Manhattan (2006).

FSM.- Durante 23 años dirigiste el suplemento de arte y letras Cuadernos del Sur, es decir, casi un cuarto de siglo de la historia de la literatura y del arte en nuestro país, ¿qué significó dirigir esta importante actividad en tu vida, qué te dio, qué te ha aportado?

ARJ.- La verdad es que estoy muy orgulloso de ese trabajo, que surgió en los años 80. Por aquella época cualquier periódico que se preciara tenía su suplemento de cultura y nosotros fuimos de los pioneros. Preparé un proyecto y el director de entonces, Antonio Ramos Espejo, que amaba el mundo cultural profundamente, se entusiasmó con la idea y lo pusimos en marcha. Los siguientes directores estuvieron apoyando siempre el suplemento. Durante muchos años fue casi un empeño personal donde luchaba contra las diferentes crisis. Luego se convierte en algo habitual y el propio sistema lo apoya. La difusión de la cultura es esencial para un periódico. Cuadernos del Sur estaba tan arraigado en todo el periódico, era tan de todos –y hasta de la ciudad misma- que siguió saliendo con toda normalidad a partir de que yo me marché. Y eso es un orgullo para mí, porque formo parte esencial de esa creación que posee un motor de una calidad extraordinaria.

FSM.- ¿De qué manera fue calando en la sociedad el suplemento Cuadernos del Sur hasta desembocar en la concesión del importante Premio Nacional del Fomento de la lectura? ¿Qué características tenía el suplemento para merecer tan importante galardón?

ARJ.- Ahora preparo una investigación sobre la crítica literaria en Cuadernos del Sur y he releído en estos días los 200 primeros números. Es un suplemento maravilloso, hecho a conciencia, con inteligencia y pasión, generoso, desinteresado, donde se practicaba una crítica seria y rigurosa y los libros valían por su calidad. Me voy a quedar en el número mil, por lo que no voy a juzgar lo que se ha hecho en los últimos seis años (en tres de los cuales lo dirigía yo aún), pero puedo garantizar que Cuadernos del Sur es único. Se tocaban todos los géneros, se era generoso con los autores, se le dedicaban amplios espacios a la creación, a los autores jóvenes, a los pintores, a los filósofos, a la fotografía, al cómic, a la historia, a todo, además de la literatura y el arte. Ha habido varias corrientes críticas en estos años y cambios de rumbo de contenido y forma. Siempre ha sido un maravilloso ser vivo y está por encima de muchos suplementos nacionales. Un escritor muy popular anhelaba siempre –como es lógico--  que sacaran su libro en “El País”, en “El Cultural del Mundo” o en “Culturas de ABC”, pero se sentía muy satisfecho y reconocido si le hacían una crítica seria en Cuadernos del Sur.

FSM.-  También dirigiste y presentaste el programa cultural “El Puente de la Luz” de  Onda Mezquita Televisión, por donde pasaron más de 250 personajes de la cultura española del momento. Debió ser muy interesante y enriquecedor, ¿qué aprendiste de todo eso? ¿Qué radiografía se puede sacar de haber entrevistado a tantos interesantes escritores?

ARJ.- Fueron ocho años apasionantes. Con la televisión se aprende mucho y más si es en una cadena pequeña donde tú haces de director, productor, guionista y presentador. Saliamos a la calle a preparar reportajes que montábamos a la carrera junto a lo que hacíamos en el estudio. Una hora de programa a la semana con personajes  de fuera o cordobeses es difícil sin presupuesto, sólo con la imaginación. Cogía a los personajes asaltándolos. Y esas mismas entrevistas las transcribía para el periódico. Otras veces hacía debates, coloquios, sobre temas de actualidad. Tener todo eso a punto cada semana era arduo pero aprendes a organizarte, a expresarte y te enriqueces con la opinión de gente tan buena. Recuerdo que le hice la última entrevista que una televisión realizó a José Hierro, entrevisté a Ana María Matute, a Antonio Gala varias veces, a Caballero Bonald, a directores de cine como Vicente Aranda, José Luis Borau, Garci, numerosos artistas plásticos de talla internacional y poetas, escritores, filósofos. Se trata de una lista enriquecedora e interminable.

FSM.- Casi todos los poetas tienen sus referentes. ¿A qué poetas admiras y por qué?

ARJ.- A Góngora porque me enseñó las maravillas de un lenguaje esplendoroso y perfecto como es el español, a Bécquer porque me hizo que buscara mi yo en el corazón. Juan Ramón Jiménez me mostró las exigencias del lenguaje, el trabajo perpetuo y la búsqueda de la poesía en mi mundo interior. Luego llegaron los ángeles mágicos del 27: un Lorca y un Alberti desbordantes, que te enseñan la pasión por la poesía, un Aleixandre lleno de perfección y de palabras abiertas como frutas del bosque recién cortadas, un Cernuda donde aprendes a que las palabras formen parte de ti. Luego –mirando a Hispanoamérica-- tengo un maestro en Pablo Neruda, el que más sabe de todos de imágenes y de metáforas. Es el manantial de la poesía del siglo veinte, aunque no me puedo olvidar de Rubén Darío, que era tan enorme que mareaba. Luego, a través de traducciones me encandiló Leopardi y en italiano suena angelical y Hölderlin es bárbaro, bestial, como Rilke. Y si nos vamos a Francia me aturden de gozo Baudelaire, Rimbaud, Verlaine, Valéry. ¡Mon dieu! ¡Hay tantos y tan buenos! En Estados Unidos hay un gigante llamado Whitman. Me dejo a docenas que he leído y me han dejado su huella. Luego, del 50 me interesa Claudio Rodríguez y Ricardo Molina y ya no quiero citar a más. Aunque me gustaría recordar a Vicente Núñez, a Juan Bernier y a Mario López de nuestros desaparecidos. Otro poeta al que quiero mucho es a Pablo García Baena, autodidacta exigente, que busca la perfección en sus versos. Y ahí lo dejamos porque ya no quiero enemistades. Nombras a unos y olvidas a otros y es un lío siempre. Cuando era muy joven lo hacía, pero ahora me llegó la prudencia y la cordura. La locura es mejor dejarla para los versos y para los amores. La sociedad, la política y la literatura son otra cosa menor. 

FSM.- Has sido un trabajador incansable, pues también dirigiste desde 1995 hasta 2009 la colección poética Los cuadernos de Sandua que publicaba Cajasur. ¿Qué representó esta importante colección en el mundo literario poético español?

ARJ.- Efectivamente tuvo una trascendencia nacional. Yo me propuse sacar a todos los poetas reconocidos y aposté también por algunos más desconocidos. Fueron 170 libros publicados en catorce años. Aquello nació cuando se pusieron de moda los libritos de veinte duros. Era una forma de popularizar la poesía por cien pesetillas. Se hacían al principio tiradas de 3.000 ejemplares y llegaban a todas partes. Recoge a los autores vivos más importantes de España y algún hispanoamericano. También había títulos temáticos. Todos los poetas querían publicar aquí, en Sandua, y como había doce títulos al año le íbamos dando cabida a muchos lentamente. Tenían éxito de crítica y se repartían mucho. Una vez una cadena hotelera quiso quedárselos comprando la titularidad pero Cajasur se negó. Yo podía haberlo hecho pero no soy persona de deslealtades, a pesar de que la colección estaba registrada a mi nombre desde antes de iniciar su publicación. Ojalá Cajasur volviera a retomar la idea de seguir editando esos libros grandes, gigantes de contenido y de bajo coste. Yo estaría dispuesto a rehacerla y lanzarla porque es un trabajo precioso. Otro trabajo bonito para la ciudad fue el proyecto “Viana, patios de poesía”, que atrajo para leer en los patios a más de cien poetas importantes durante los 14 años que duró.

FSM.- Antonio, por el lugar privilegiado que has ocupado durante tantos años al frente del devenir histórico cultural español, has sido seguramente un gran conocedor del estado vital de la poesía española y de los poetas españoles de este último cuarto de siglo. ¿Cómo definirías tú esta etapa de la poesía española, o estas etapas si es que crees que ha habido varias?

ARJ.- Hubo un gran momento a principio de los años 90 cuando un grupo de poetas mostró su rebeldía contra el sistema de la “poesía única”. Un grupo de seguidores de algo que se llamó “poesía clara o de la sentimentalidad” pretendía que todo el mundo escribiera como ellos y si no lo hacías te excluían de publicaciones, premios, reseñas en periódicos nacionales, etc. Ante eso surge un movimiento de compromiso que se ampara desde Cuadernos del Sur y la publicación se convierte en la expresión física del grupo, defendiendo siempre la buena poesía. Se remonta dicho movimiento ya como algo tangible a 1993. Se reúnen en Madrid los poetas María Antonia Ortega, Carlos Clementson, Pedro Rodríguez Pacheco, Antonio Enrique y yo mismo para crear oficialmente el movimiento de la Diferencia. Protagonizan el acto de constitución en el Café Libertad de Madrid y se aglutinan en torno a lo que parecía una corriente numerosos poetas y la prensa. También formaron parte del grupo José Lupiáñez, Concha García, Jordi Virallonga, Guillén Acosta, Manuel Jurado López, Gallego Ripoll, Pedro J. de la Peña y Domingo F. Faílde, sumándose luego varias docenas de poetas. La Diferencia fue un movimiento –nunca tendencia- de opinión crítica, de poetas que, por amor, respeto y convivencia con la poesía, se sintieron obligados a denunciar un estado de cosas y unos hábitos por los que las tendencias, constituidas en modus operandi, eran las fórmulas de sistematizar lo que, por naturaleza y gratuidad, era asistemático y libre. No existe definición genérica de la diferencia al no existir un corpus teórico, unas preceptivas, unas líneas estructurales, canónicas o escriturales, preestablecidas que identificaran, por su adscripción a ellas, a los componentes del grupo; pero si en verdad no existe una definición, sí existe una explicación y es en ella donde reside su legitimidad, su historicidad y su destrucción, suerte última ésta consiguiente al intento de sistematizar, estructurar y jerarquizar lo que fue un movimiento libertario que cuestionó el sistema hegemónico, las estructuras preceptivas y las jerarquías nominales. No se reconocía otra entidad que la de la gran poesía y ésta, condicionada por corrientes y tendencias, estaba siendo ninguneada y en vías de extinción. Y este fue el leiv motiv, generoso y altruista, que movió a aquellos poetas y críticos a tomar posicionamiento en la denuncia de un estado de cosas absolutamente injustas y por injustas intolerables.

FSM.- Volvamos a la poesía en su esencia, podrías decirnos según tu opinión cuándo podemos decir que estamos ante un poemario de calidad. ¿Qué requisitos debe reunir un buen poemario para afirmar que estamos ante una obra de altura?

ARJ.- Un libro correcto, que gane un premio y se publique o que alguien te lo publique, lo puede escribir cualquiera que conozca los resortes de la escritura, que evidentemente es un oficio como otro cualquiera. Un buen médico llega a serlo porque ha estudiado mucho y porque sabe diagnosticar y curar con más habilidad que la media. En poesía se llega hasta ahí pero hay que superar un escalón más para que haya un buen, excelente o genial poeta. En un libro puede haber unos versos que al leerlos te producen un escalofrío que sube por la espina dorsal y te altera. Ahí hay poeta, pero en ese mismo libro eso ocurre en varios poemas, hay un gran poeta y si ocurre en todo el libro hay un enorme poeta. Ésta sería una forma de explicarlo. Pero ahora pongo un ejemplo de arte. Ha habido genios de la pintura que han sido despreciados, sus contemporáneos no han sabido valorarlos y ahora sus obras se venden por millones de euros. Bécquer, volviendo a la poesía, no logró el pobre publicar en vida y ahora es un gran poeta. Hay también poetas muy mediocres que actualmente están  muy valorados porque publican en editoriales de prestigio, porque salen en periódicos nacionales, televisiones y poseen púlpitos de expresión, etc. Es decir, por factores externos que no tienen nada que ver con su poesía. De modo que la fórmula sería, si la obra está limpia de faltas de ortografía y problemas de sintaxis, si hay musicalidad correcta y el libro está bien editado, lo único que queda para distinguir, es la prueba de la columna vertebral.

FSM.- ¿Y el poema? ¿Cuándo podemos saber que estamos ante un poema redondo, el poema perfecto o que raya la perfección?

ARJ.- La respuesta sería la misma aunque reduciéndolo todo. Es incluso más fácil juzgar un solo poema.

FSM.- Antonio, una de nuestras preguntas estrella es pedir a los poetas que nos digan una definición de poesía. ¿Qué es poesía para ti?

ARJ.- El artista, el poeta –como dijo Paul Verlaine--  debe ser absolutamente él mismo. Poesía es la capacidad que el poeta posee para decir lo indecible, para expresar lo inexpresable.

FSM.- Has cultivado no solo la poesía sino también el ensayo y la narrativa y la columna periodística. ¿Dónde te sientes más a gusto y por qué?

ARJ.- Yo soy un escritor –el éxito o no éxito es ajeno a la propia escritura, aunque influye--  y pienso en creación y en vasos comunicantes. El creador literario tiene una necesidad de expresar (lo inexpresable) y busca el canal más apropiado. A veces quieres expresar lo más hondo de ti, tus sentimientos, por ejemplo, y necesitas la poesía, otras veces quieres contar una historia que te bulle en tu interior y escribes un relato o una novela, y otras veces quieres reflexionar y expresar algo investigado y obviamente necesitas escribir ensayo o columna de opinión o lo que sea. Pero te sientes a gusto en todo.

FSM.- Para acabar, pues no queremos abusar demasiado de tu tiempo, ¿podrías decirnos en qué estás trabajando ahora?

ARJ.- Estoy con un trabajo de investigación, un largo ensayo de crítica literaria, pero a la vez tengo casi terminado un libro de relatos hiperbreves. He escrito 200 relatos sobre historias de la vida en Fez. Lo elaboraba los sábados y domingos por la tarde en un cafetín de Fez llamado Nadirino, donde veía cosas de la vida cotidiana moderna de Marruecos. Es algo simpático y bonito para leer  entre parada y parada de metro o de autobús. También tengo inéditos dos libros de poesía (uno de ellos es un libro grandioso de ángeles y otro habla de la pobreza infinita en la que vive actualmente la gente que ha perdido la esperanza) y una novela.

FSM.- Los poetas que participan en esta entrevista nos dejan al final un poema y nos explican por qué lo han elegido. ¿Podrías dejarnos uno, por favor? Muchas gracias por tu colaboración.

ARJ.- Es un poema minúsculo que habla precisamente de la vida del poeta que se ha convertido a su vez en uno de esos seres abandonados por los dioses. Antes era gigante, como el albatros de Baudelaire, pero al caer a tierra no es nada. Es posible que nunca fuera nada.

 

Espejo en la roca

 

Liba cientos de instantes,

bebe en miles de lenguas,

absorbe todas las fuentes del viejo planeta.

No sabe que detrás de ese paisaje

hay un espejo dibujado en la roca

que se refleja millones de veces.

Ignora que detrás de la belleza

se ha instalado la nada.

 

 

 

miércoles, 10 de abril de 2013

Entrevista a José Cañuelo Calero

FSM.-  José, ¿cómo y cuándo empieza en ti el interés por la poesía?
JCC.- En algún momento, entre mi infancia y juventud, cuando pasaba las horas ante un baúl lleno de libros que había en mi casa. En aquellas horas suspendidas en el vacío, los versos, de pronto, se volvieron chispazos en mi pensamiento. A los trece años empecé a escribir los primeros poemas y a leer poesía de forma continuada. Toda mi vida luego ha estado vinculada a la poesía, aunque la convicción ha sido más reciente, cosa que debo agradecerte a ti, que me animaste mucho a ello y a Manuel Patiño que me dio la oportunidad de publicar mis dos primeros libros. Os agradezco mucho esa ayuda inicial que todo poeta necesita.       
FSM.- Hace poco fuiste nominado al premio Solienses por tu libro titulado La ciudad de los ángeles. ¿Qué significó estar entre los finalistas y de qué va este poemario?
JCC.- Satisfacción, mucha satisfacción. Con la nominación me di por premiado. Y me ha servido para tomar conciencia de la necesidad de escribir con un fuerte sentimiento de las raíces para buscar los universales. Mis raíces están en Los Pedroches y en mi pueblo, Villanueva de Córdoba, que no suelo tratar como tema pero sí constituye mi fuente de inspiración primicial, sobre todo en lo que se refiere a adentrarse en el encinar y en la vida austera jarota y que son las gnosis que originan mi escritura. En cuanto a “La ciudad de los ángeles” creo que responde a aquel verso de Dante que dice “en medio del camino de la vida, me perdí por una selva oscura”. El libro consta de tres partes: errancia, advocación y epifanía. Son a modo de tres movimientos a cerca del sentimiento oceánico: recuperación de la palabra, advenimiento del amor y manifestación del sentimiento de lo absoluto. Está incardinado por un símbolo interno que es el bosque y un símbolo externo que es el ángel.
FSM.- ¿Podrías hablarnos de tu primer libro El mar de los veranos?
JCC.-  Este poemario versaba sobre lo efímera que es la felicidad y la plenitud en las edades de la vida. Estos poemas estaban escritos en unas versiones previas que se perdieron y los volví a escribir desde lo que recordaba de ellos. Me sorprendió comprobar que los poemas no se pierden, sino que se adhieren como Jonás al vientre de la ballena y esperan para salir. Estos poemas están incardinados en el símbolo del mar, el mar anhelado y anhelante, aludiendo a Juan Ramón Jiménez, porque este mar que yo buscaba no era sino el interior.
FSM.- En breve se va a presentar tu nuevo poemario Bajo racimos de uvas rojas. ¿Podrías anticiparnos algo sobre el contenido de este nuevo libro?
JCC.- Este poemario responde a lo que María Zambrano decía sobre que cuando vemos con mucha claridad una de nuestras edades, es porque ha muerto. Es un regreso a la casa de mi infancia y juventud para evocar aquella edad en un canto agónico y darle sepultura en las raíces de la parra alta de uva roja. Para que la vida pueda seguir hay que soltar lastre. El símbolo que incardina este poemario es la crisálida, donde radica el don de la metamorfosis aludido por Elías Caneti.
FSM.- José, ¿a qué poetas admiras y cuáles crees que han dejado en ti una mayor influencia?
JCC.- Es difícil precisar influencias entre tantas lecturas.  Escribes  y van apareciendo influencias, unas conscientes y otras no. Esto es lo sorpresivo de la escritura. Cuando escribí “La ciudad de los ángeles” arranqué de la concepción de los ángeles de Rilke, pero en el resultado, entiendo, nadie encontró a Rilke, sino al Aleixandre surrealista de “Pasión de la Tierra” que tenía olvidado entre mis lecturas de juventud y al Lorca de “Poeta en Nueva York”. Las influencias son paradójicas. Actualmente presto mucho interés a la poesía de San Juan de la Cruz, Góngora y Manuel Gahete. Es este un interés más por el paradigma de sus escrituras respectivas que por escribir al modo de ellos. Conscientemente reconozco que el uso de la elipsis y la irrupción de temas de forma aleatoria lo he rumiado leyendo mucho “La tierra baldía” de Elliot. La llamada escritura automática la he tomado sobre todo de los surrealistas andaluces como Alberti, Lorca y Aleixandre. He buceado, como he podido pues es inglesa, en la que entiendo es una exquisita sintaxis metaforizante en el poeta modernista estadounidense Wallace Stevens. Pero la poesía que más me interesa es la poesía mística, que es donde las ideas estéticas y el sentido del uso del lenguaje quizás ha llegado a lo más alto en poesía.   
FSM.- Siendo la poesía un género minoritario, ¿por qué crees que se sigue escribiendo poesía?
JCC.- Tengo mis dudas sobre que la poesía sea un género literario. Desde luego, el lector de narrativa no es el mismo que el de poesía. El fenómeno de la narración está muy ligado a la memoria, a la imaginación y a un discurso que sustente un relato lógico del mundo, en cambio, el de la poesía está más ligado a la contemplación, a la aprehensión de lo irracional, a la captación del símbolo y la paradoja ... La disolución postmoderna de los géneros no es posible completamente, no sin el riesgo de acabar con la  propia poesía. Todas las artes y géneros pueden adjetivarse, en un momento y características dados, de poéticos, pero sólo en la poesía es sustantivo. La verdadera razón de que se siga escribiendo poesía no es comunicativa ni filosófica ni lingüística, con serlo también, sino singularmente espiritual, es la necesidad del ser humano de comprobar sus coordenadas de temporalidad, individualidad y materialidad: es decir, saber acerca de su status creaturae. 
FSM.- Podrías darnos una definición de poesía.
JCC.- En esto creo que tengo una idea atípica. Permíteme que conteste, explicando el proceso que sigo con la palabra. Esencialmente, poesía es aquello que se hace con una intención poética. No hay canon. Esto que dicho así parece simple, se complica un poco. Desde luego no es todo vale. Desplegar intención poética es desplegar internamente un lenguaje singular -y por tanto discontinuo del social y lingüístico objetivo-, a base de significados, símbolos, referencias propias… para una idea, emoción, sentimiento, percepción…para verterlo en las palabras de una lengua. Luego ese lenguaje interno ya es estética, entonces, la palabra, adopte la característica que adopte, no será funcional, conversacional, lógica u objetiva sino singularmente poética. Esa poeticidad no viene dada por arte externo aplicado a las palabras,  sino por ritmos, sentidos y valores estéticos que están en el ámbito del lenguaje interno y que se plasman en el ámbito de una lengua, aunque sea la lengua la que configura continuamente al lenguaje interno. Rilke decía que paseando por la playa, oyó en su cabeza los primeros versos de su elegía. Otros poetas, con los que he hablado, dicen lo mismo, pero no es mi caso. Respeto y disfruto a los poetas de la sonoridad. Pero la música en poesía para mí es un misterio al que no tengo acceso. Si me lo propongo, puedo imaginar su sonido, claro está, pero, de hecho y proceso lector, para mí, las palabras surgen en el silencio, cuya mejor alegoría es el silencio profundo del encinar de la dehesa; la palabra, entonces, surge como un destello de luz sobre la espuma de las olas, en su apariencia ideovisual. Por poner un ejemplo: idea, del griego y concepto, del latín; la primera tiene unas características etimológico-ideográficas que la hacen más sensible que cerebral, lo contrario que a la segunda. En el mismo sentido, que Góngora y Lezama Lima me parecen, ideográficamente, más sensoriales que Quevedo y Borges. Para mí la poesía se hace para la lectura y en silencio se lee. La palabra de poema es el ruido visual que surge en el silencio del pensamiento, cuya mejor elaboración que conozco es el silencio sanjuanista.
FSM.- ¿Cómo ves el panorama de la poesía cordobesa?
JCC.-  Pues creo que habría que empezar a considerar que hay más cosas que la poesía de Cántico. Luego habría que superar el desinterés de los unos por los otros. Tendrían que ser los propios cordobeses los que estudiasen su propia poesía sin esperar a que vengan los de fuera a revalorizarla. Los grupos y las generaciones acuñados no bastan para estudiar la poesía cordobesa porque hay autores que se incorporan más tarde o no se integran. Se escribe mucha poesía, pero hay poco interés teórico por ella. Lo importante, creo, es que haya análisis y criterio sobre lo que se va escribiendo, no sea que nos ocurra como al siglo de oro de la poesía latina que después de creerse su propia efervescencia sólo hayan quedado Catulo y Marcial para la posteridad. Para mi gusto, uno de los asuntos de más calado de la poesía cordobesa posterior a Cántico es la neomística de Manuel Gahete.
FSM.- ¿Cuándo te das cuenta que estás ante un gran libro de poesía? ¿Qué ha de tener en tu opinión para que digamos que estamos ante un poemario de calidad?
JCC.- Antepongo siempre apreciación a criterios porque lo que más me interesa es captar al ser humano en su obra. Acto seguido, tengo en cuenta ideas estéticas, pensamiento lógico e ilógico, explotación de las posibilidades del lenguaje y materialidad de las palabras. Y si, además de esto, el poema puedo hacerlo mío de tal forma que con su lectura puedo explicar algún aspecto de mi propia vida o entender que algo cambia o podría cambiar de mí mismo, considero que ya es irreemplazable.      
FSM.- José, ¿hacia dónde crees que debe ir la poesía en nuestro tiempo si es que debe ir hacia alguna parte, debe marcarse un rumbo, qué opinas?
JCC.- No sé bien hacia dónde debe ir. Cómo saberlo, la poesía tiene el rumbo que le imprimen los que la hacen en cada momento y somos conscientes del rumbo cuando éste ha cambiado ya. Por eso podemos hablar, ahora, de poesía social, de poesía de la experiencia… La poesía necesita un rumbo siempre. La poesía es uno de los grandes objetos espirituales de la humanidad y miles de personas que toman decisiones que repercuten en sus semejantes, que necesitan un momento de reflexión o que necesitan restituir su dignidad, lo hacen ante un poema.  Lo que no tengo tan claro es que deba darse una ingeniería poética para crearlo. El rumbo debe surgir de la nueva percepción. Si el nuevo rumbo se define como una modificación del anterior, habrán quedado atrás la claridad como criterio, el hermetismo como solución, la complacencia en una vida privilegiada como método y la anécdota biográfica que lastra el poema para ser un camino propio del lector. Ni forma sin contenido ni contenido sin forma, aunque la primera sería poesía antes que la segunda. Las artes de la versificación han dado paso a la preeminencia de las ideas estéticas, pero quien tenga el talento para cultivarlas no tiene por qué renunciar a ellas. Pero el reto de nuestra poesía en este siglo, estaría en releer nuestra tradición de pensamiento y poesía, para continuarla o para innovarla, y, desde las concepciones actuales, ponerla en comunicación con el contexto cultural hispánico, el que forman casi quinientos millones de hablantes de nuestra lengua en todo el mundo. ¿Alguien puede imaginar los fenómenos de conciencia, pensamiento y estética que se pueden estar dando, en un día cualquiera, en el orbe de nuestra lengua a escala planetaria?        
FSM.- Nos gustaría que nos dejaras aquí uno de tus poemas y que nos digas por qué lo has elegido.
JCC.- Pues dejo el siguiente inédito porque me divierte la intertextualidad sanjuanista con el humor barroco. Si como San Juan de la Cruz dice la mística tiene que ser de lo más sensato, el humor es gozo de tratar las cosas.
 
ME HALLÓ UNA ROSA APETECIDA
 

Oh, rosa en seda escondida,
en disimulada ocasión visible,
de fragancia riquísima,

ápice de suave perfección
por acendrado roce que de las embestidas del alma recoges,

a silvestres ramas deseosas prendida,
en undoso chorro vertida y sorprendida.

Siquiera esas simplicísimas gotas seques de tus pétalos.
Regada la calle, aventada y regalada la noche
sin descuido y con denuedo.

A mi causa libre y sin cautela, ello no entorpece;
déjame, así pues, entrar a este lance
que has trocado sosegado entendimiento en inquietud

y este pasaje revelado
a mi orden y método se resiste,

más por oración, en lengua de fe inspirada, principiaré
y a clima propicio el alma llegará con tu rostro en hermosura bañado,
cuanto más llamada, más desnuda,

lo antes humano impedimento, ahora, arreo,
sabrosísima unión,
que enciende y abrasa en morada.

En poderosísimo bien transmutada,
de un centellazo de noche en plenitud cerrada,
al tronco desnudo de dios, abrazada.

 

sábado, 16 de marzo de 2013

He soñado un poema, de Fernando Serrano

He soñado un poema es el libro con el que el poeta de Fernán Núñez Fernando Serrano ha ganado XXXII premio de poesía Odón Betanzos Palacios.  Como bien dice el jurado, es un libro que emana con forma de monólogo en el que más que decir se evocan sensaciones que van del tacto a las entrañas. Y más adelante dice: Un monólogo en el que el autor busca siempre esa mano, esa chispa que hace nacer la inspiración que la pluma convierte en poema. Esa eterna búsqueda en la que el amor se confunde con la palabra, con el verso y en definitiva con el poema. Todo ello con un lenguaje sencillo y cercano que nos hace acompasar su caminar en busca de ese faro, esa estrella, ese sueño del que intenta huir, pero que siempre le persigue y que espera le conduzca hasta la belleza plena, esa que siempre guió y guiará su voz.
Fernando Serrano es un poeta que en este poemario busca arraigarse en la luz que le descubra los caminos que tienen el estado de lo nuevo y trascendente. Son estos poemas la lucidez que buscan la calma del espíritu, la comprensión de sí mismo y de todo aquello que lo rodea. Es la etapa de las respuestas a sus eternas preguntas, el momento al fin de darse cuenta qué es lo importante y perseguirlo. Es al mismo tiempo el poemario del abandono a otra realidad que lo comunica mucho más con su propio interior y que le da más satisfacciones. El horizonte es su meta desde un presente de sabiduría. El amor, la belleza, los recuerdos, la duda de no saber nunca quiénes seremos y si podremos o no reconocernos, pero al fin está lo que importa, es decir, el devenir que viene y al que hay que recibirle con la impronta de la verdad. Estamos ante un monólogo de helio en el que durante su lectura se flota en la calma de saber que respiramos el mantra de un hermoso sueño.
Les dejamos con un par de poemas del libro.
 
Y un día al fin comprendes
que las palabras son
las que mueven el mundo,
las que cambian el mundo,
las que hunden el mundo.
Y te aferras a ellas
y dejas sobre el blanco
esos signos que un día
te harán saber, creer
que el hombre es lo que importa
y la amistad.
Tan sólo eso.
                      Lo demás,
jeroglíficos que alguien
dibuja en la arena
suave de la playa.
 
 
 
Van pasando los días, vas creciendo
y tus ojos
encuentran más respuestas
a tu eterna pregunta.
Pero aún no comprendes
el porqué
de tanto interrogante.
Y te aferras al débil
corazón de la tierra.
Ella si te conoce,
ella sabe tu nombre,
tu origen,
tu destino,
y el porqué de tus dudas.
 
 
  

martes, 12 de marzo de 2013

Entrevista a José Manuel Martín Portales

FSM.- José Manuel, acabas de publicar “La lentitud de los triángulos”. ¿Qué es y qué significa para ti la publicación de este nuevo libro?
JMMP.- El librito lo componen dos poemas largos: ‘La lentitud de los triángulos’ y ‘Dentro de Shakespeare’, que fueron premiados en las Justas Poéticas de Reinosa y editados en Cantabria en un pequeño cuadernito, junto al cuento ganador de aquel certamen. Cuando Calixto Torres me ofreció la oportunidad de participar en su colección Año XIII me pareció que estos dos poemas, publicados juntos, mostrarían una cierta complementariedad de lo que vengo haciendo. De una parte, la indagación en los distintos niveles de asumir una misma experiencia, de modo que la ‘poética’ sería la manera de asumirla en relación a la totalidad de mi vida, una perspectiva que no puedo adoptar desde la razón o el sentimiento, siempre encerrados o abocados al saber y a lo inmediato. Cada presente queda misteriosamente abierto y ensancha nuestra perplejidad y admiración ante el extraordinario hecho de poder asumir la existencia desde la conciencia, y no desde la mera supervivencia o autosatisfacción, y eso creo que es una de las cosas que se celebran en el poema. Y por otra parte, en el segundo texto del librito, está la evidencia de que tal experiencia poética es siempre contracultural, porque la poesía, tal como la concibo hoy, no solo supone una crítica al supuesto ‘saber’ del yo sino que por eso mismo abre una posibilidad de desmontar la armazón cultural que nos sirve de interpretación de nosotros mismos y del mundo. La experiencia poética no pretende una nueva interpretación del mundo y del hombre, sino que va más bien contra toda interpretación, contra toda instalación en el ‘mundo interpretado’, que decía Rilke. Dicho esto, la alegría de publicar un librito de poemas tiene siempre que ver con la gente que te quiere, no es la satisfacción por acumular una cosa en la estantería, sino la alegría por provocar un nuevo encuentro, que nunca sabemos cuándo ni cómo se producirá. En este caso concreto, me ha dado la oportunidad de conocer a nuevos hermanos, como el editor Calixto Torres, que ha tenido una hermosa idea y la valentía de inventarse el futuro en estos tiempos tan sombríos.
FSM.- ¿Podrías hablarnos algo del resto de tus libros publicados?
JMMP.- Comencé a escribir muy joven, pero siempre tuve suficiente sentido común como para saber que mis cualidades ‘literarias’ no aportarían nada significativo, y por esa razón nunca ambicioné publicar. En realidad, en mi vida siempre me ha parecido mucho más decisiva la lectura que la escritura. Pero con el paso del tiempo, y mis interminables conversaciones de juventud con mi maestro Pedro Villarejo, me fui dando cuenta de que la poesía no tenía nada que ver con la literatura, y de que uno debe seguir su camino hasta donde le lleve, sin importar a dónde le lleve, sin desear siquiera que le lleve a ninguna parte. Simplemente hay que andar hacia delante todo lo que se pueda. Esta ausencia de ‘metas’ ha sido fundamental en mi vida, porque me ha liberado de ambiciones angustiosas y me ha hecho reconocer que el camino es lo único que importa, y además es mucho más interesante que la meta. Tal vez la literatura tenga algo que ver con las metas del escritor. Pero el poeta ni es un escritor ni tiene metas, entre otras cosas porque no sabe a dónde va, aunque sabe que va. Por esta razón, los libritos que han ido surgiendo en ese camino son ‘libros’ según los que los ven desde fuera, porque son objetos de papel, con páginas y letras. Pero yo no escribo libros, escribo poemas. Y no escribo poemas para que después sean libros, sino simplemente porque tengo que escribirlos cuando alguna experiencia concreta me zarandea y me saca de lo que ya sabía. El hecho de la escritura del poema significa, creo yo, que voy siendo consciente de que la vida es una especie de tránsito misterioso, una especie de estadio no fáctico, que la razón bien puede frustrar encerrándose en su saber, atrincherándose en su propia supervivencia, pero que la conciencia bien puede abrir, aunque esa apertura carezca de las garantías del conocimiento y de las seguridades del poder. Es posible que este sea el ‘camino’ que se pueda deducir de los libritos que han ido apareciendo: ‘Lógica de la perplejidad’, ‘El hombre prohibido’, ‘El espejo vacío’, ‘Crítica de la nada’, ‘Cuaderno de la pobreza’, ‘Todavía la noche’… Puede también que una mirada hacia atrás consiga descubrir ciertas obsesiones, temas, formas… y que en base a eso se pueda decir algo desde el punto de vista literario sobre lo que vengo haciendo, pero sigo pensando, porque ahora soy más lúcido que antes, que no hay ningún ‘valor’ literario significativo en lo que he hecho. Lo único que puedo defender es que he sido honesto conmigo mismo. La historia literaria está hecha para los escritores. No entiendo cómo los poetas han querido entrar por ese camino. Me parece que eso ha ayudado mucho a confundir las cosas. Pero cada uno es muy libre de pensar y hacer lo que crea oportuno.
FSM.-  Has publicado ya casi una decena de libros de poemas, dime, ¿qué se aprende en este ejercicio de la actividad creativa poética?
JMMP.- Cada vez estoy más convencido de que el poema manifiesta una determinada experiencia de tensión interior entre la razón (ideas, creencias, sentimientos, etc.) y la conciencia (lo que yo llamo la ‘pregunta’ por el sentido). La escritura del poema significa que esa tensión es real. Es cierto que dentro de la razón también tiene lugar una tensión permanente, por supuesto, que es la que le permite avanzar en el control cada vez más efectivo de la realidad externa e interna. Y de esa tensión dan fe muy diferentes modos de discurso (literario, metafísico, religioso, filosófico…) Por eso no resulta fácil entender que se produce también otro tipo de tensión que no debe ser confundida con aquélla: la tensión poética, que a mi parecer es la que se produce entre todo ese mundo de la razón y la conciencia. Hasta que tengamos un pensamiento estrictamente poético (un pensamiento de la conciencia), el poema será el lugar de esa especie de ´batalla’: la razón por encerrar la existencia en lo que podemos saber y la conciencia por abrir el saber a una existencia cuyo sentido siempre nos desborda. El poema no es una victoria de la conciencia, por decirlo así, pero sí la confirmación de que ‘hay partido’, como se dice en el fútbol, es decir, la confirmación de que la razón no gana por goleada, ni mucho menos, y por tanto ya no hay nada que hacer; o la confirmación, diría yo, de que nos movemos lentamente hacia una comprensión de la realidad que tiende a liberarse del horizonte fáctico de la supervivencia. Para mí, el poema manifiesta esa lucha, y eso es lo que me importa pensar. Luego, sobre los contenidos formales o temáticos también se puede pensar. Y, desde luego, la evolución de las formas poéticas a lo largo de la historia también me parece significativa, sobre todo a partir del simbolismo y la liberación de la armonía y otros ‘valores artísticos’ impuestos desde fuera. Pero lo importante para mí es que exista el poema, esa es la pregunta radical. Los contenidos del poema tendrán mucho que ver con el momento cultural y la mentalidad del que lo escribe, pero la existencia del poema es ya para mí un signo totalmente desconcertante que un poeta nunca puede dar por superado.
FSM.- ¿Cómo fueron tus comienzos en la poesía? ¿Cuándo te das cuenta de que dentro de ti hay un poeta que tiene cosas que decir?
JMMP.- Creo que comencé a escribir poemas a los doce o trece años. Naturalmente a esa edad yo no tenía nada que decir. Seguramente empecé a escribir poemas para mantener un diálogo interior, para clarificar el sentido de mi propia soledad, supongo, o porque ya sospechaba que el mundo estaba ahí fuera dispuesto a decirme lo que tenía que pensar, lo que tenía que creer, lo que debía saber, lo que tenía que hacer, lo que podía esperar… en fin, que muy pronto me di cuenta de que yo tenía que vivir en el mundo, pero que yo no podía darle al mundo mi vida para que él me la viviera. Mi vida tenía que vivirla yo mismo, aunque no tenía ni idea de cómo podría hacerlo, ni siquiera sabía si eso sería posible. Y por eso comencé a escribir, supongo. Han pasado muchos años desde entonces, pero aún hoy tengo la misma motivación. Se podría decir que es una simple cuestión de autoafirmación psicológica, pero con el tiempo tengo cada día más claro que no es un problema del ‘yo’ que pretende ser alguien frente al mundo de los otros, sino un problema muy distinto y creo que bastante más complejo: la conciencia aparece como un estadio nuevo en el devenir de la existencia, pero aparece en el estadio de la vida biológica, que se organiza racionalmente en orden a la supervivencia. Entonces, la vida humana es claramente un estadio de transición entre la razón-supervivencia-biológica y la conciencia como apertura hacia un no sabemos qué. Si fuese un problema de autoafirmación, ambicionaría el éxito del mundo: tener garantizada la supervivencia y el reconocimiento. Pero no es así. Mi auténtica ambición es que la respuesta del mundo no me robe la pregunta de mi propia conciencia, no frustre mi horizonte, aunque yo desconozca mi horizonte.
FSM.- Todos tus libros de poemas se han publicado gracias a que has ganado un premio literario. ¿Qué se siente al ganar un premio?
JMMP.- El asunto de la publicación ha sido para mí siempre un poco misterioso; como una añadidura que en absoluto estuviese prevista de antemano. Si he querido publicar y me he sentido feliz al hacerlo ha sido por dos razones: en primer lugar porque sé que esto ha hecho feliz a los que me quieren y me aprecian, y en segundo lugar porque me ha dado la oportunidad de compartir algo de mi vida con gente desconocida. Siempre me he preguntado si mi poesía hubiese evolucionado igual si permaneciese en el cajón de mi mesa. El ánimo y la crítica que vienen de fuera de uno mismo son muy importantes en la vida, y creo que ese es el sentido que justifica la publicación de un libro de poemas. El hecho de haber ganado premios se debe a que me he presentado a ellos, es decir, que he preferido que mi obra sea leída y valorada por personas ajenas, que ni siquiera saben que soy yo quien ha escrito lo que están leyendo. Y eso es como la lotería, sencillamente. A veces he tenido suerte. Lo mejor de los premios, para mí, es que me han permitido conocer a gente muy buena con la que sigo en contacto. Por otra parte, publicar y recibir algunos pequeños premios tiene el inconveniente de que pueden considerarte un escritor, porque todo esto está indudablemente en el horizonte de la literatura. Sé que es una incoherencia con respecto a mi manera de pensar la experiencia poética, pero también reconozco que encerrarme en mi habitación hubiera sido inútil. En el fondo, todos estamos aquí y ahora, en el mundo que nos ha tocado, compartiendo nuestras perplejidades y nuestra ternura. Si alguien se considera algo por el hecho de haber publicado yo creo sinceramente que tiene un problema más que una virtud.  
FSM.- José Manuel, en tu opinión ¿qué debe tener un libro de poemas para que digamos que estamos ante un libro de calidad?
JMMP.- La calidad es un concepto problemático. Para mí tiene que ver con la coherencia y la honradez. Si consideramos un poema una obra de arte, por ejemplo, su calidad dependerá de la maestría en la utilización de los recursos artísticos que el autor ha manejado. Si consideramos un poema como algo que tiene que ver con el diálogo entre razón y conciencia, como antes he apuntado, entonces la calidad depende de otras cosas. Pero es verdad que el poema es lenguaje, y que la palabra que utilizamos ya está cargada de significados antes de que la utilicemos, de manera que el poema, en todo caso, será una lucha del lenguaje contra el lenguaje. Esa lucha puede ser un juego lúdico y cultural, en el mejor sentido, y su calidad será artística. Pero esa lucha puede que no sea un juego, y entonces su calidad puede venirle de otros ámbitos. El problema es que el concepto de calidad lo impone la cultura dominante de cada momento. Y creo que el concepto de calidad de la cultura dominante hoy día es una de las evidencias de que nos hemos instalado en una cómoda mediocridad que nos está asfixiando y de la que no sabemos salir. Un buen poema, en todo caso, en mi opinión, es el que no instala en la autosatisfacción al que lo escribe, sino que lo coloca en un estado de expectativa permanente. 
FSM.- De todos tus libros publicados, ¿con cuál te sientes más satisfecho y por qué?
JMMP.- Antes dije que no escribo libros, sino poemas. Esta es una pregunta imposible de responder para mí. En tanto mis publicaciones no se han producido con un propósito inicial, como consecuencia de una intención de partida, no puedo valorar si eso se ha cumplido o se ha frustrado. Lo importante para mí es que cada poema prepara el lugar para el siguiente, y que en ese camino no hay meta posible. Lo que sí te puedo decir es que el poema es mi forma de existir desde la conciencia. Si concibiera la existencia desde la razón o la supervivencia, escribiría otras cosas. Creo que todos mis libritos caminan hacia ese horizonte, con los altibajos lógicos que tiene la vida.
FSM.- Has ejercido el periodismo, ¿te ha influido esa actividad en la conformación de tu poética?
JMMP.- Yo he trabajado de redactor de un periódico durante algunos años, aunque la mayor parte de mi vida laboral lo hice en el taller donde se editaba. El periodismo era una profesión hermosa cuando servía para clarificar la realidad de lo que acontecía, como aquello de limpiar el grano en las eras, antiguamente. Pero después se ha convertido en otra cosa, y parece mentira que el proceso de apropiación que ha hecho el poder de sus servicios le haya resultado tan fácil y tan barato. Supongo que al trabajar  en un periódico he tendido una especie de ventana privilegiada para conocer y comprender los procesos de creación de la pseudorealidad en la que se asienta la sociedad actual, y eso, por reacción, supongo que me ha servido para aferrarme a una poética que toma partido, por decirlo así. Toda poética debe tomar partido, sin duda. En mi caso, tengo muy claro que el poder, como quintaesencia de la razón y la supervivencia, debe ser contestado sistemáticamente por la conciencia, que no pretende sobrevivir sino vivir. Que la gente aspire a sobrevivir es una de las evidencias que nos confirman que se está produciendo una involución terrible. Toda forma de poder tiene que ver con la animalidad.
FSM.- Podrías definir lo que es para ti Poesía.
JMMP.- Las definiciones pertenecen al ámbito de lo racional. Es como delimitar y conocer plenamente algo. Como llevar algo al terreno de la razón, para tenerlo ahí controlado. La experiencia poética es todo lo contrario. Tiene que ver con la pregunta por el sentido, no con las respuestas. La respuesta ha tenido mucho recorrido histórico, se ha ido explicitando desde muchas perspectivas complementarias: la religión, la filosofía, la metafísica, la literatura, la ciencia… La pregunta, sin embargo, cada vez ha sido más ocultada y vive ahora bajo una inmensa capa de respuestas. Para mí la experiencia poética es la instalación en la pregunta, y el esfuerzo cotidiano porque ninguna respuesta me impida caminar hacia ese horizonte.
FSM.- ¿Qué poetas han dejado en ti la impronta de la memoria y el recuerdo de saber que a ellos les debes algo?
JMMP.- Tenemos una tradición maravillosa e inabarcable. A los poetas que vuelvo una y otra vez son san Juan de la Cruz, Pedro Villarejo, Rilke, Borges, Gamoneda, Vicente Haya, Silvio Rodríguez, Amancio Prada, Serrat, Antonio Machado, Cervantes, Valente, Celan, Aleixandre, Lorca, García Calvo…
FSM.- José Manuel, ¿cuál es o debe ser la misión de la poesía?
JMMP.- La cuestión de la utilidad también me parece que cae dentro de la razón, que para estas cosas es muy sabia. Prefiero pensar que la poesía no tiene ninguna utilidad, en el sentido de que no puede ser utilizada. Yo creo que la poesía es un quehacer de la conciencia, y ese quehacer cotidiano resitúa al hombre en el mundo de una determinada manera, que tiene que ver con la pregunta por el sentido, es decir, que tiene que ver con la vida abierta a una especie de novedad inaudita y no con la vida encerrada en el control de la supervivencia. Pero esta actitud en sí misma ya supone una toma de partido bastante radical contra toda forma de conformismo o de poder. Por eso me parece un fraude el que dice tener una experiencia poética y luego vive pendiente del éxito o el halago.
FSM.- Y para acabar nos gustaría que nos dejaras con un poema tuyo y nos digas por qué lo has elegido.
JMMP.- Antes quiero agradecerte, de todo corazón, esta entrevista, pues para mí supone un gran honor compartir espacio en tu página junto a grandes poetas amigos tuyos a los que has tenido la generosidad de unirme. Te dejo un poema del librito ‘Todavía la noche’ que se titula ‘Alberca’. Quizá se me ha ocurrido elegirlo como homenaje a Atalaya, mi pueblo, donde ahora tengo la suerte de vivir, en cuyos huertos me gusta perderme para escuchar.
 
alberca
Quiero mostraros lo que acontece en la pobreza:
el olvido gesta una luz inmóvil
que atraviesa la distancia de los inviernos
llueve sobre la alberca de los niños
que se han dilatado jugando con el frío
hay algo atormentado en el aire
como la densidad de las cerezas abandonadas
entonces una fecundidad desconocida
rasga fugazmente el filo blanco de la sombra
y abre grietas hasta que las hojas de la luz
irrumpen sobre la superficie de la tristeza
y estás allí, como en el centro de un gran jardín desconocido
sin saber quién ha colocado sobre tus hombros
el peso de la serenidad
 

lunes, 11 de marzo de 2013

Entrevista a Juan Pérez Cubillo

FSM.- Juan, ¿cuándo empieza en ti el amor por la literatura?
JPC.- Creo que comenzó con la lectura de pequeñas novelitas del Oeste. Mi propia exigencia fue subiendo el listón, además de la acción benefactora de Don José Capdevila y Doña Luisa Revuelta.
FSM.- Eres -aunque ya te hayas jubilado- profesor de Lengua y Literatura, ¿cómo ha influido esta característica en ti a la hora de escribir?
JPC.- En pequeños tics, como considerar a los clásicos como modelos a seguir y darle una vuelta de tuerca en ocasiones a sus producciones; al fin y al cabo ya lo hizo Cervantes sobre elementos literarios precedentes o Valle-Inclán con el cuento de “Malpocado”, que tiene como referente inequívoco al Lazarillo o Bertolt Brecht que hace lo propio con respecto a Maximo Gorki cuando escribe “Madre Coraje y sus hijos”. Fue la literatura la que me llevó a
ser docente y no al contrario.
FSM.- Eres un escritor que has cultivado tanto la poesía como la narrativa, de hecho perteneces al Colectivo de narradores Mucho Cuento. ¿Dónde te sientes más cómodo a la hora de escribir, en la poesía o en la narrativa?
JPC.- Actualmente en el universo poético.
FSM.- ¿Qué tiene que tener en tu opinión un libro de poemas para que digamos que es un buen libro?
JPC.- Que no se te caiga de las manos y que haya un hilo invisible que conecte el principio con el final. Eso que llamamos coherencia interna.
FSM.- Descendiendo al poema en particular, ¿podrías darnos tu versión de qué se le debe exigir a un solo poema para que digamos que tiene calidad literaria?
 JPC.- Que se te haga un nudo en la garganta. Comparto la definición que considera al poema como palpitación del espíritu; la calidad literaria la marcan “sui generis” las castas dominantes –siempre las hay en cualquier ámbito de la vida- y hay que ponerla en solfa, relativizarla.
FSM.- Juan, según tu opinión, ¿qué es poesía?
JPC.- Un buen poema debe aspirar a comunicar; fuera de esto, entiendo que no existe. No creo en la poesía hermética, aunque tenga la fortuna en la mayoría de los casos de entender sus claves ocultas, pero yo soy solo uno más.
FSM.- ¿Cuál es la misión de la poesía?
JPC.- Transmitir desde las más íntimas desazones hasta la alegría exultante que produce un pájaro, un niño, un desgarro por alguien que pide limosna …
FSM.- Siempre te recuerdo como un activista cultural en esta ciudad de Córdoba. ¿Qué te aporta esa relación tuya con el mundo de los escritores?
JPC.- Es una buena definición la de activista. Siempre me he preguntado qué habría tras esa actividad febril. Me importa mucho el “nosotros”, y tal vez sea una manifestación de esa preocupación.
FSM.- También eres un gran flamencólogo que no solo has seguido muy de cerca a los cantaores sino que además también haces un programa de radio hablando de esta temática. Crees tú que hay algún tipo de relación en nuestro tiempo entre el mundo del flamenco y la poesía como ya lo hubo en otras épocas?
JPC.- Sí, lo defino con una letra muy socorrida, pero no por ello menos intensa. Es un fandango, que dice así: "Aunque me voy/ no me voy/aunque me voy/no me ausento/aunque me voy de palabra/pero no del pensamiento". Con sus bises y todo el auxilio de cualquier formulación estética
FSM.- ¿Podrías a continuación dejarnos un poema y decir por qué lo has elegido?
JPC.- El poema se titula Había concluido. Lo muestro a continuación. Interpreto que hay en las relaciones personales momentos de desencuentro que son superados, pues los relativizamos. Y son esos mismos momentos los que, pasado el tiempo, se convierten en fronteras insalvables de esa misma relación, pues así de etéreo es todo. El poema pretende recoger esta idea.


HABÍA CONCLUIDO

Había concluido
en la pequeñez de las cosas,
de las
cosas de siempre,
así de inaprensible fue todo:
esa mirada amable, ese
guiño
de complicidad bienintencionada
y ese tacto amistoso.

Cambió la
geografía y hasta la física,
pues la mirada y el tacto tornaron
en
huidizos,
no propicios a la confidencia.

Pensó en un momento de bajada

a los que era dado en caer
que tal vez seguir
fuera una torpeza
y ella
debiera saberlo.








lunes, 18 de febrero de 2013

Un acto mínimo, de Fernando Sánchez Mayo

El día 12 de febrero se presentó en el Círculo de la Amistad de Córdoba el nuevo libro de Fernando Sánchez Mayo, que fue el XXVIII Premio de Poesía Juan Bernier, que convoca el Ateneo de Córdoba. El acto lo presidía en la mesa el Concejal de Cultura Juan Miguel Moreno Calderón, el presidente del Ateneo, Antonio Varo, y el poeta y presentador del acto Alfredo Jurado Reyes.
A continuación entresacamos algunas de los aspectos que ha desgranado Alfredo Jurado de la poesía de Sánchez Mayo. Y dice: Sánchez Mayo se acerca en su poesía a la ideología metapoética. No olvidemos tampoco, que nuestro autor es un poeta al que se le deduce una formación grecolatina, y que a lo largo de sus publicaciones subyacen los pilares de dicha cultura.
En algunas de sus entregas ha rendido culto al amor, pero en líneas generales, es un poeta de sentimientos, y que de tal modo procede, ya que con frecuencia, de una u otra manera, va desnudando su intimismo. Se le contempla un talante positivo, y en sus poemarios parte del “yo” hacia los demás. Su lenguaje es directo, y predomina la primera persona.
Para Fernando, la poesía es una prolongación de su propia realidad; ya que sin poesía nuestra razón de ser no tiene cometido. Se percibe en su poesía un profundo afán por lo transcendente, y cierto poso de la poesía arábigo andaluza. Tal como lo hizo en su momento  el poeta Ibn Suhayd en “ idiolecto”,  nuestro autor nos ofrece sus poemas como una joya deleitosa. Me atrevería a decir que uno de sus fines es el de impresionar al lector para embaucarle, y para suscitar su imaginación, extendiéndole su tapiz poético.  
Circunscribiéndonos al libro que esta noche nos presenta, “ UN ACTO MÍNIMO”,
se vierte con cada una de las características expuestas; se intuye que el camino de la vida es largo, y que a veces se torna doloroso, buscando el horizonte que nos lleva al final. Mas no miremos hacia atrás, para no trasmutarnos en estatuas de sal; es hermoso esponjarse de las cosas de la vida, aquellas que nos forman, aquellas que nos moldean, ¡pero qué efímero se nos hace el camino! Hurga Fernando en el universo de su “Acto mínimo”, y se observa en él un intimismo que le desgarra. / Cantemos a la muerte /a ese tránsito y su belleza que espera / en la estación de lo desconocido /
En la primera parte, “ VARIACIONES DE LA MUERTE”,  es donde el poeta se manifiesta en  un plano mas personal y emotivo.
En la segunda parte, “EGREGIAS MUERTES”  rinde homenaje a personajes y mitos de la historia, que de algún modo dejaron huella  en nuestros días.
Es en esta parte donde el autor ejerce un papel más contemplativo, se aleja de la primera persona, se extiende tanto en el metro como en el número de versos y ejerce una función más narrativa.
 
A continuación le dejamos con un par de poemas del libro.
 
 
HIMNO A LA MUERTE
 
Cantemos a la muerte,
al momento exacto en que partiremos
de esta nada irrepetible,
a ese lugar extraño que nos rapta la materia,
a ese ataúd de luz
que nos espera en su interior como un relámpago
donde reposaremos con la intención del universo
escrita y atada a la eternidad
de lo que vibra y se mueve
llevándose de nosotros la esencia invisible de nuestro ser.
 
Cantemos a la muerte,
a ese tránsito y su belleza que espera
en la estación de lo desconocido
como una bocanada de aire amarillento de tanta tarde,
de tanto clamor
elevándose por el cielo de los días sin retorno.
 
Cantemos a la muerte,
a su resurrección hecha cenizas
y al calor de su nieve
y cuyos despojos vuelan por los campos del olvido y su memoria.
 
Y si nos asalta el miedo a ser arena en el desierto marrón opaco
que descansa en las llanuras moribundas de una especie,
y si la brisa fría del inmenso mar profundo
nos angustia mirándonos
con los ojos helados por el terror de tanta oscuridad,
gocemos
al saber que una liberación nos salva de vivir aquí para siempre,
que la eternidad vive en nosotros
como una odisea vive en el tiempo del tiempo
y que morir es solo un acto mínimo,
una transición momentánea y efímera
que apenas duele en las percepciones.



¿QUIERES MORIR CONMIGO, AMOR?
 
¿Quieres morir conmigo, amor,
ahora que la luz brilla en nuestros ojos,
ahora que el deseo es posesión
y la carne domina a la otra carne,
ahora que caminar juntos fortalece los pasos
y decir sí es un ímpetu de la razón que habita en la locura?
 
¿Quieres morir conmigo, amor,
igual que mueren las ballenas varadas en la playa
de un poniente imaginario,
como la lluvia muere sobre el asfalto
de una ciudad herida por la derrota,
como muere el deseo de una lenta brisa
cuando llega la calma,
como mueren las caricias en el borde final de los cuerpos?
 
¿Quieres morir conmigo, amor,
ahora que un fuego incendia nuestro cuarto,
ahora que nuestro lecho arde
con la llama roja de los héroes
y estamos fundidos en un abrazo de íntima entrega?
 
¿Quieres morir conmigo, amor?
¿Quieres morir conmigo?


 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Entrevista a Daniel García Florindo



FSM.- Vives en Sevilla, pero naciste en Córdoba, y fue en esta ciudad donde empezaste tu actividad como poeta. ¿Cómo recuerdas aquel tiempo?

DGF.- Efectivamente, nací en Córdoba y he vivido en esta ciudad casi treinta años, es decir, toda una vida. Una vida muy afortunada, gracias al paraíso perdido que resulta de una infancia y una juventud feliz. Probablemente ese paraíso caducó para mí al cumplir los diecisiete, una edad muy fronteriza también emocionalmente, pues a los pocos meses murió mi padre. Córdoba, pues, es la ciudad donde se construye mi memoria y mi sentimentalidad, la persona que soy, donde queda uno de mis hermanos, algunos pocos amigos (pues la mayoría también volaron) y un sentimiento extraño y contradictorio de volver a un lugar al que no perteneces, pero que está dentro de ti.

FSM.- Por aquellos años coordinaste el aula de Cultura de la facultad de Filosofía y Letras de Córdoba y fuiste responsable de la antología El siglo que expira. Luego codirigiste con Juan Carlos Reche el ciclo Las noches del Can Can así como la colección de poesía independiente La nube de Goku, ¿qué significó todo aquello para ti?

DGF.- Sin duda, aquellos años universitarios fueron claves para mí. Tras dejar el instituto y un breve paréntesis laboral, tuve la oportunidad de retomar los estudios universitarios con una edad algo más avanzada. Esta circunstancia me hizo valorar mucho mejor el tiempo que pasé entre las aulas universitarias para disfrutarlo a tope. También tuve desde el primer momento muy claro un afán por dinamizar y activar la cultura desde nuestra responsabilidad como estudiantes de letras universitarios. En el último año de carrera, efectivamente, fui el Coordinador del Aula de Cultura de la Facultad y, como recuerdo, coordiné la antología El siglo expira, que ha quedado como un referente, una imagen fija de un momento muy interesante de la poesía cordobesa actual. Por otra parte, Las noches del Can Can fue una manera de expandir aquel activismo cultural fuera de la universidad y de la oficialidad cultural. Hacíamos aquel ciclo poético ya legendario que fue el origen a otras iniciativas poéticas. Con el tiempo, ese fermento originó el gran festival de poesía Cosmopoética. Can Can empezó con Raúl Alonso y fue continuado por otros amigos como Juan Antonio Bernier, Eduardo Chivite, Juan Carlos Reche y yo mismo. Por cierto, de todo esto y de mucho más se habla en la completa antología que Eduardo Chivite y Antonio Barquero prepararon con la editorial sevillana El cangrejo pistolero, titulada Terreno fértil. Un ámbito poético. (Córdoba, 1994-2009).

FSM.- ¿Cuáles han sido la nómina de poetas que más te han gustado y que más han influido en tu actividad como poeta?

DGF.- Difícil de concretar esa nómina por su amplitud. Sin duda, cada poeta aporta algo único y sorprendente que lo define también como persona. Partiendo de los clásicos, aún recuerdo mi primer encuentro con Quevedo y su “amor más poderoso que la muerte” o, algunos años atrás, cuando les leía en voz alta a mis padres el Romancero gitano y el Poema del cante jondo. No obstante, reconozco en Góngora el origen del fenómeno poético, la perfección técnica del lenguaje. Pero si tengo que elegir a un poeta que realmente me ha influido en mi poesía tendría que quedarme con Antonio Machado, donde confluye indisolublemente lo ético y lo estético. De la Generación del 27 soy devoto de Alberti y Cernuda, entre tantos grandes, además de Lorca ya señalado y la línea gongorina, como buen andaluz y cordobés. Así, presentes están los poetas de Cántico, junto con los de la generación del 50, José Hierro, Gil de Biedma, Ángel González hasta los poetas de la otra sentimentalidad como Javier Egea y Luis García Montero en los años ochenta y hasta ahora. Este último, probablemente, es el que más me sigue influyendo y así lo reconozco, al margen de que en el actual campo literario sea un blanco llamativo para encender polémicas. A mí sólo me interesó su poesía potente, inteligente, clara, emocionante, real. 

FSM.- ¿Cómo definirías tú la poesía?

DGF.- Aún sigo tratando de definirla y no quisiera dejar de hacerlo. Probablemente la poesía se defina en cada poema. Y cada poema es la expresión fija de algo continúo, fluyente, como la realidad, pero que no es la realidad, pues ¿qué es la realidad? La poesía indaga, busca, se pregunta y crea presencia, cristaliza nuestro pensamiento en una expresión lingüística en la que nos reconocemos en un momento dado como en un espejo que devuelve la emoción que una vez sentimos.

FSM.- ¿Qué debe tener un poema desde tu punto de vista para considerarlo que tiene calidad poética?

DGF.- Grosso modo y, por este orden, emoción, inteligencia y ritmo. Su calidad poética dependerá de cómo se integren esos tres elementos o, con otras palabras, de cómo forma y fondo se unan armoniosamente potenciándose ambos aspectos de manera recíproca.

FSM.- ¿Qué te atrajo de la poética del gran poeta cordobés Juan Bernier para llevar a cabo ese trabajo recientemente publicado por Pre-textos?

DGF.- De su poética me atrajo precisamente el aspecto menos estudiado del poeta y, paradójicamente, el que mejor lo define, su vertiente social.

FSM.- ¿Qué personaje hay detrás de los versos de Juan Bernier en La compasión pagana desde el punto de vista humano?

DGF.- Al hilo de la pregunta anterior, La compasión pagana recoge los poemas donde mejor se percibe esa vertiente social que he mencionado. El paganismo no deja de ser una forma de disidencia ante la falta de libertad y de la injusticia social, además de ser un subterfugio para burlar la oscuridad de un tiempo en el que Bernier y sus compañeros supieron salvar. Con el título La compasión pagana también me estoy refiriendo a que la bondad o la compasión es la virtud individual de un sujeto concreto, no de ninguna doctrina o ideología.

FSM.- ¿Por qué y para qué crees que se escribe?

DGF.- Yo escribo para comprender mejor el mundo y comprenderme mejor a mí mismo, porque me ayuda a pensar y, en esa medida, a pasar por la vida dejando cierta huella de mí que quizás a alguien le interese o, al menos, recuerde quién fui.

FSM.- ¿Qué te aportó cada uno de tus poemarios publicados y con cuál de ellos sientes que has conseguido un logro mayor?

DGF.- Mi primer poemario Amanecer en Pennsylvania aún sigue dándome satisfacciones. Muchas son las anécdotas que me han ocurrido con ese libro y muchos los poemas que se han ido publicando en grandes antologías y revistas de la talla de Litoral. La última, sin ir más lejos, hace unas semanas en una magnífica antología que Julio Neira ha realizado sobre Nueva York, bajo el título Geometría y angustia.
Fue un libro que creo que se ha proyectado mejor fuera de Córdoba. Incluso en Sevilla, gracias a iniciativas culturales como las que protagoniza Fran Nuño, magnífico poeta y autor infantil. A través de su editorial-librería mi primer libro experimentó una nueva proyección tras diez años de su publicación, lo que hizo posible que nuevas generaciones pudieran leerlo. Fue un completo rescate comercial del libro.
Amanecer en Pennsylvania puede leerse como un único poema, una especie de retablo de personajes disidentes, marginales, a los que quise dar voz. Si en Amanecer en Pennsylvania parto de la historia de distintas vidas (un granjero de Nebraska, un mendigo de Nueva York, etc.) para conformar una misma voz, en mi segundo libro realizo una estrategia opuesta: parto de mi persona fragmentada en distintas emociones para configurar Cuadernos de Lisboa. De hecho, una de las partes de este libro tiene una intención casi de diario íntimo. Es la parte titulada “Nueva formulación de la memoria” donde se incluye los poemas escritos o inspirados en mi estancia en Lisboa desde el 2005 al 2007. Este libro, a diferencia de Amanecer en Pennsylvania, se cocinó muy lentamente a lo largo del tiempo. Es un libro mucho más complejo y diverso. En él cada parte podría escindirse para formar por sí misma un nuevo poemario.
Así que no puedo decidirme por cuál de los dos me quedo. Tan sólo puedo decir que ambos son parte de un proceso que evoluciona. Así, el nuevo libro que estoy terminando no podría conformarse como lo estoy haciendo, sin mi obra anterior.
  
FSM.- ¿Para qué sirve la poesía?

DGF.- De alguna manera, ya he respondido a esta pregunta. La poesía es el género de la intimidad. Puede servir a quienes la necesiten y a quienes la cultivan (tanto escribiéndola como leyéndola). Buscar un fin pragmático me parece algo así como ensuciar su esencia sagrada. Pero naturalmente que la poesía nos cura, nos ayuda, puede cumplir funciones religiosas, espirituales, curativas… En manos del tirano, puede incluso convertir a un emperador en dios, en otras manos puede mover conciencias. En fin, es una pregunta tan compleja y tan dispar como la esencia misma de la poesía que es plurisignificativa o, al menos, es así como yo la entiendo.

FSM.- Nos gustaría que a continuación nos dejaras uno de tus poemas y nos digas por qué lo has elegido. Muchas gracias.

DGF.- Gracias a ti, Fernando, por tus buenas preguntas y el afecto e interés que dejas en ellas. Os dejo, en realidad, dos poemas o un poema doble englobado bajo el título «Díptico de ciudades extrañadas», perteneciente a mi segundo libro Cuadernos de Lisboa. Dejo este poema porque me parece el más apropiado al hilo de esta entrevista. Con él se muestra mucho de lo que te he explicado sobre mi experiencia vital y mi obra poética.





DÍPTICO DE CIUDADES EXTRAÑADAS

                              I  


                       CÓRDOBA

Como el que nada espera del mañana
quien te habita deshace su memoria
en el rumor oculto de tu voz.

Así hablan tus fuentes,
el viento sobre agujas y azahar
en las pequeñas plazas y en tus venas
que no saben hundirse, que no quieren
llegar a un corazón que no conoce.

Usurera y judía me detienes
a cada día azul, a cada paso
que di entre tus raíces y mi infancia,
entre mi juventud y tus excelsos muros
que cercaron la vida de mi padre.

Me detendrá quizá a cada paso
ese rumor del tiempo que no pasa,
esos gritos callados en tus calles,
ciudad que se resiente en mi presencia,
como un temblor de luna sobre el río.

Bajo tu luna, Córdoba, no tiemblo,
ciudad que se resiente
en mí, incómodo huésped que regresa
a tu olvido que nunca es suficiente,
a tu lluvia oxidada, a tu mirada ciega.

            II

LA LUZ DE LISBOA

Era una luz distinta. Y era una luz de invierno
cuando llegó a tu rostro vespertino,
porque una luz más pura se inclinaba nocturna
bajo los aguaceros de Lisboa.

Recuerdo las palabras que no dije
como el rocío frío de tu nombre,
las que pude salvar en el silencio,
en el gesto inconcluso de los labios,
las palabras que fueron a perderse
bajo los aguaceros de noviembre
y tu ropa mojada por la luna de Alfama.

Tal vez fue suficiente una ciudad
para decir que el mundo está siempre nublado
menos allí, amor, claro día de un sueño,
de nueva luz abierta en tu mirada
cuando los barcos llegan a buen puerto
y el corazón se alegra de estar vivo.
Siempre te esperaré en Cais do Sodré
porque también existen los regresos.

Porque también terminan los inviernos, amor,
en la ciudad más triste y más hermosa
donde reina un verdor de esmaltes óxidos
por la melancolía de sus calles. Recuerda,
eras un mirlo blanco entre tanta barbarie
incrédula de tanto, tanto amor imposible
cuando nos despertamos en el barrio de Graça,
cuando el mundo aún recién hecho temblaba
y aún tiembla para siempre
en nuestro amanecer emocionado.

                      Daniel García Florindo
                      Cuadernos de Lisboa, Ediciones en Huida, Sevilla, 2011




sábado, 15 de diciembre de 2012

Entrevista a Fernando Sánchez Mayo

A continuación reproducimos la entrevista que hizo Fernando Calvo García en Torrejón de Ardoz a Fernando Sánchez Mayo con motivo de la presentación del libro Poemas para un escenario.
FCG.- La poesía, ¿te da soledad y la soledad te da frío?
FSM.- La poesía me da compañía, abandono y deriva. La soledad todavía no me ha rozado apenas, aunque por supuesto, como a cualquier ser humano la haya sentido en algunos momentos de mi vida.
FCG.- ¿De qué te ha servido escribir este nuevo libro, Poemas para un escenario?
FSM.- Pues si para algo sirve la poesía es para olvidarse de todo mientras uno la escribe. Y en ese sentido posiblemente me haya liberado de la soledad, pero creo que este libro me ha servido sobre todo para darme cuenta de que dentro de nosotros hay vastas regiones que esperan ser exploradas, y para saber que podemos ser imaginativos buscando nuevas formas de expresión poética.
FCG.- ¿Te encuentras al caminar o vas perdido por la vida?
FSM.- Quizá vaya perdido por la vida, quizás caminando encuentre al que soy, pero es difícil saber con certeza en qué estado estamos. Lo importante es aceptar al caminante que va con nosotros, darle la oportunidad de que se pierda y se encuentre porque es ahí en donde únicamente encontramos la sabiduría.
FCG.- ¿Qué buscas en el otro, qué te da el otro, los otros, y qué te duele de los otros?
FSM.- No estamos solos, los otros que nos acompañan nos lo dan todo y nos lo quitan todo, pero no podemos pensar que quienes nos acompañan nos dan todo el bien y todo el mal que tenemos, porque todo el bien y todo el mal que poseemos, somos nosotros mismos quienes nos lo damos. ¿Y qué buscamos o qué busco?  Yo creo que busco la identificación que es al fin y al cabo lo que más nos une con los demás, pero también se busca el aprendizaje. Gracias al contacto con los otros podemos aprender y ver las diferencias. Porque no lo olvidemos: estamos hechos de diferencias.
FCG.- ¿Qué poesía te gusta y cuáles son para ti los poetas tradicionales y actuales mejores y sus libros?
FSM.- La poesía en general me gusta toda porque todo poeta siempre que escribe pone algo de su ser y eso siempre interesa al lector de poesía. Luego, es verdad que hay un tipo de poesía con la que compartes ese gusto estético y de las ideas, y hay poetas tradicionales y actuales con los que más te identificas. En mi caso, dentro de la poesía tradicional qué duda cabe que me gustan los grandes poetas que están ahí porque han sido aclamados ya que hicieron una hermosa y gran obra poética. A mí me han gustado y he disfrutado mucho con algunos poetas como Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, los poetas de la generación del 27 como García Lorca, Cernuda y Aleixandre. Hay una lista interminable de poetas que me han gustado mucho como Pablo Neruda, Cavafis, Pessoa, Antonio Gala, Caballero Bonald, Ángel Gónzález, los Novísimos, los poetas del grupo Cántico de Córdoba como Ricardo Molina, Pablo García Baena, Juan Bernier, Vicente Núñez, y otros poetas cordobeses como Juana Castro y Manuel Gahete, poeta éste último al que todavía no se la ha hecho la justicia que merece, pero que tiene una interesantísima obra poética que el paso del tiempo no hará sino acrecentar.
FCG.- ¿Te gusta lo que publicas?
FSM.- Es una pregunta que me hace reflexionar sobre mi obra poética. Digamos que de lo que publico, solamente por un diez por ciento de los poemas siento alguna satisfacción plena, del resto de los poemas siempre me queda una gran duda, hasta un vacío, y una cierta frustración porque sé que no están definitivamente en lo más alto. Pero creo que eso es normal. He aprendido que un poema al que tú no lo considerabas en tanta estima, luego vienen los lectores y te dicen, ése poema me ha encantado. Y, de repente, empiezas a valorar lo que tú mismo no habías valorado. Por eso, ante tu pregunta de que si me gusta lo que publico, la respuesta es: no todo me gusta totalmente, pero he puesto tanto amor en crearlo que tal vez y solo por eso, merezcan estar ahí publicado.
FCG.- ¿Hay que escupir cuando se escribe? ( Leopoldo Mª Panero escribió un libro que se titula “Escribir como escupir”)
FSM.- Sé que tu pregunta viene por ese verso de mi poemario que dice: …”pues hay que escupir toda la maldad sobre el mármol blanco / para que sea vista por todos los incrédulos. Verás, yo creo que cuando se escribe es bueno escupir todo lo que llevamos dentro, pero sin que eso se convierta en un escupitajo. Podemos y tenemos el deber de echar todo lo que está aplastado en nuestro interior, todo lo que nos acongoja y no somos capaces de explicarnos en el silencio más rotundo. Por eso la poesía nos brinda la oportunidad de expresarlo todo. Y desde ese punto de vista sí es bueno escupir cuando se escribe.
FCG.- ¿Cuántos gritos hay en Poemas para un escenario de dolor, de lucha, de esperanza…?
FSM.- Creo que el hombre necesita gritar, o mejor dicho gritarse a sí mismo cuál es su compromiso con su propia existencia. Vivimos cada vez más en una sociedad en donde está mal visto expresar emociones y sentimientos. Y es necesario recordarnos que estamos hechos de eso, de emociones y de sentimientos y es bueno expresarlos. No sé si el grito es la mejor manera, pero no es la peor pues nos hace ubicarnos y reflexionar por qué hacemos lo que hacemos y por qué estamos aquí y para qué. El grito es una manera metafórica de decir que existimos y que queremos que nos tengan en cuenta.
FCG.- ¿Cómo debe ser la poesía para el lector? Suave, un grito…
FSM.- La poesía no debe ser escrita para el lector, debe ser escrita para el que la escribe. Luego el lector se podrá identificar o no con ella, pero en principio debe ser escrita desde el criterio personalísimo de quien la escribe. Y no sé si como me preguntas debe ser suave, o desde el grito. Yo creo que debe ser desde la verdad y la belleza.
FCG.- Te visita el futuro, ¿y qué haces con él?
FSM.- Eso también es de otro verso de un poema de este libro. Pues sí, cuando me visita el futuro lo recibo con los brazos abiertos. No olvido que los grandes hombres y mujeres siempre han sido visionarios. Y han construido una obra adelantada a su tiempo. A mí me encantaría que eso me ocurriera.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nuevo jardín de las delicias, de José Javier Martínez Palacín

Hace poco estuve en la ciudad de Alcalá de Henares y conocí a José Javier Martínez, que me hizo entrega de este librito de poesía premiado por la Universidad de Alcalá. Una publicación algo pobre para la calidad de los poemas que se pueden leer en su interior. Ni siquiera pusieron su nombre en la portada, y he tenido que ponerlo yo gracias al juego de la informática.
El libro consta de dos apartados en los que él mismo se reveló como ganador absoluto: una parte de narrativa y otra de poesía. Nosotros nos vamos a hacer eco aquí de su poesia, cuyo titulo general de los poemas es Nuevo jardín de las delicias. Bien pues es en este apartado de la lírica donde José Javier Martínez demuestra una gran habilidad y maestría, pero sobre todo una manera de escribir los poemas muy personal y distinta a lo que he visto escrito por ahí. Sus poemas están llenos de fuerza creativa y de fuerza interior, apelan a la libertad y a la auténtica libertad salvaje de quien ve la vida desde la visión más diáfana y sabe que no hace falta parapetos para vivir inmersos en lo que uno quiere. Hay también un aspecto apasionado en algunos versos, típico de un poeta joven que quiere conquistar el mundo con las armas propias de su propio linaje, el linaje del conocimiento. Como fondo de los poemas subyace el amor, un tema que trata desde un punto de vista en el que quiere desentrañar el entramado de las relaciones amorosas y de deseo. No falta en sus poemas la ironía subliminal
de quien dice las cosas sabiendo que hay otra interpretación y que además lleva esa otra interpretación encerrada una sabiduría puesto que corresponde a la resolución de los poemas. Por supuesto hay otros poemas en esta publicación como el viaje interior, la inmortalidad, el deseo de vivir, el paso del tiempo. Temas que para un poeta de poco más de veinte años lo acercan a un poeta con mucho futuro y con gran madurez que sabe escribir bien y que quien lo lee lo disfruta.

Les dejamos con un par de poemas del libro.

Tríptico cerrado

Confesión

Yo señora, nací en el mes
donde se extinguen
las buenas intenciones y
se deshacen las cadenas
del pensamiento impuesto.
Vivo en la acción de las
embestidas, sin reconocer
silbidos, ni muros que me cerquen.
Incendio las descripciones
que me atan a ti
para que no te sientas segura.

Agotaré todas tus fuerzas
hasta que te acerques,
con la humildad de un caballo vencido.

Puede que te sorprendas
verme
leyendo.



Viaje solitario

Atrapo la semilla de los kilómetros
como fruto que no se conoce.
Viajo olvidado y olvidando rostros,
sin saludos de un idioma que no conozco.
Duele acordarse de que hay un regreso
después de esta calma
de paseante por un mundo
sin periódicos.